Posteado por: Salvador Pliego en: 22/02/2012
¡Oh!, si desde la cordillera
en que se teje nieve y cielo,
o el azul irrumpe, con su alambrada de viento,
con su portentoso manoteo de nube,
de incólume transparencia inagotable,
hacia las manos que son la tinta
y son el canto de cada pájaro
en su resonancia escrita,
en su fraguada expresión de la palabra,
como si fuese la cédula del ala
que imprime y copia el sol en cada pluma,
o deja en la letra su corazón hecho de madera,
su limpia creación de la mañana
y que es el oficio mismo del poeta.
Sometido a la letra,
a su singular belleza,
a la más recóndita melodía de la aurora,
que baja su rocío y lo despeña en la garganta
o en la flor pictográfica o en el pétalo mecanográfico
tan suavemente acentuado,
y donde se adscribe a la expresión de los violines,
para dejar en cada nota
la enarbolada pureza de la forma,
la innata enunciación de la escritura
hecha del polvo y de la greda,
de la voz de las aldeas
o del otoño escapándose al follaje,
a su destino, a la boca magnética de su madre tierra;
es donde emerge la fragancia del lenguaje.
Cada objeto es invitado.
Todo cuerpo es adherido:
desde la espuma iracunda hasta el océano;
desde la gravedad y la precipitación del cóndor o el jilguero;
desde la timidez con que se escapan
las sombras a lo eterno
y los colores se suman a la bruma.
El viento navega en la expresión de la intemperie
y toca al cielo mientras muere,
y luego la esperanza baja y se registra.
El alma pinta, es jardinera,
busca el motivo y manifiesta,
cuelga sus deseos y los viste,
para que todo sea azul en su atavío,
para que el ropaje brote en la marea
y declare de la lucha de la piedra por la arcilla,
o del misterio del azufre y del zafiro,
o de la cautelosa mirada de los granos
que se saben magia entre las manos.
Igual que el fruto, los versos unen
la dulce vestidura del sereno
y humedecen la energía desplegada.
Y solamente ellos
cantan al amor cual dos palomas,
uniendo a la noche y día
con los besos de la bruma.
Yo que abrí mis manos
a los galopes, a las vendimias de toda sílaba,
al eucalipto y a las corolas,
como un soldado que idolatraba
el aroma, el silencio de las espigas,
el canto del movimiento,
vine a buscar en la aventura del humo,
en la huella de las arenas,
en el golpeteo de las goteras,
la expresión singular
y manifiesta de la palabra,
y registré en mi pecho, al encontrarla,
el palpitar del verbo,
para adentrarme a un nuevo vuelo.
Salvador Pliego
El que guste leer alguno de mis libros,
lo puede bajar gratis haciendo clic en la
imagen del libro del lado derecho.
Si les gusta lo pueden circular entre sus
amistades libremente.
- – – – – – – -
Buenas tardes Salvador.
En tus escritos se halla la palabra hecha Poesía.
Un abrazo desde Valencia, Montserrat
Me encantó la forma tan bella de hablar de la naturaleza, de los pájaros, de todo lo que representa la tierra en todo su explendor y esa forma qu tienes de escribír tan apasionadamenta.Te quiero poeta bello.
Poeta, mi admiración por tus Letras y sus conjuntos.
Felicdades por deleitarnos con tan buen trabajo,
Un abrazo
Excelente.En palabras traduces lo mas auténtico que desborda el ARTE.ABRAZO
Bellisimo Salvador, sin duda sabés encontrar las palabras que se atropellan ante tanta inspiración.. Saludos tía Elsa.
Hola amigo Salvador, bellisimo poema nos regalas .
Un canto de versos hermoso, buscando las palabras bellas que la musa pone en tu pluma de poeta.
Un abrazo de MA para ti.
Qué gusto volver a leerte Salvador….tus poemas tan bellos, siempre cantando el amor en la naturaleza tan descriptiva que me conducen a bellos momentos….
Muchas gracias por el don compartido,
me agradó la sorpresa de tu visita…;- )
Ali
22/02/2012 a 10:07 am
“El alma pinta, es jardinera, busca el motivo y manifiesta, cuelga sus deseos y los viste, para que todo sea azul en su atavío…”
¡Y como no!… Como no va a ser así9 si el poeta vive en función de aquello que su alma le inspira….
Es el poeta un alfarero, un constructor de imágenes a las que luego adorna con lo mas sutil y selecto del vocablo que se estampa en letras que son mas que letras…!
Belleza elegante y sutil es lo que siempre encuentro en tus escritos…
Fuerte abrazo maestro Salvador…!