
Todos los poemas son de Salvador Pliego
Cuéntame un cuento
Ahora tú, ¡cuéntame un cuento!
Un cuento de hadas y otro de garzas,
de animalitos que lleven alas
y que se pinten orejas largas.
Vamos. Ahora tú, ¡cuéntame un cuento!
Con serafines y duendes verdes,
que toquen dianas desde las torres,
y las princesas vistan de mieles
como cristales en finas pieles;
que con sus sables los caballeros venzan dragones
y sus corceles siempre galopen.
Pero, ¿o no me entiendes o hablo en balde?
Si no es un gesto es un puchero,
si no es la mueca es la trompeta,
y luego el brazo parece un dardo
que no detiene su manotazo.
Mira tus piernas que son dos flechas
y por inquietas clavan sus dedos cual mil saetas,
Serena ahora ese bullicio
que en un molino te has convertido.
Luego el cuerpo lo agitas todo.
¡Vamos, que no hay paciencia,
razón ni modo de verte riendo
justificando tal alboroto!
¡Cuéntame un cuento!… Ya te lo imploro.
Un cuento tierno por más decoro
que a ti te llene la vida y sueños,
que vele y torne tu rostro en gozos
y deje gracias en mis empeños.
¡Cuéntame un cuento!, mi niño nuevo.
Porque a tus pocos días de haber nacido
hay mil sonrisas con alegrías
y todas ellas de ti las quiero.
Anda, mi niño, ¡cuéntame un cuento!
Un balbuceo de tu boquita es lo que quiero
para volarme entre gigantes,
entre los aires, en los castillos de chocolates.
Un balbuceo, precioso niño,
para cantarle a la madrugada,
para vibrarla en tu sonaja,
para menearla y hacerla cala.
¡Cuéntame un cuento!
Playerita blanca
Lorenzo, Lorenzo,
por ser un conejo la ceja es de acero,
por ser cascanueces la oreja un ropero,
por decir palabras, ¡Dios mío!,
la nariz se encoje y es pala de harriero.
Lorenzo, Lorenzo,
por brincar la cuerdas se doblan tus ancas,
los ojos cerrados se miran horrendos,
por más que te estampes de almohadilla clara
como un esqueleto se mira tu espalda.
Lorenzo, Lorenzo,
al abrir las manos te cuelgan sirenas.
Si fueran bonitas, ¡qué importa!
Mas parecen ranas sin portar alhajas.
Los dedos de nutria,
la barbilla tiznada
y los codos sumidos parecieran que ladran
en el lodazal que encharca.
Lorenzo:
cuando ya despiertes
te quiero enterito.
Nada de conejos,
nada de avestruces,
nada de tapires ni burlones osos.
Sólo tú contento en tu playerita blanca,
para así abrazarte
como el sol que cubre
con su rayo fresco toda la mañana.
Acaramelados
Dulce garapiñado y dulce achocolatado.
Por el telar de la acera presentan rostros pintados,
y cada rostro que pintan sus manos se van chupando.
Hojuelas de caramelos, confites azucarados,
los labios almibarados de tinte aterciopelado.
Dulce garapiñado y dulce achocolatado.
Corren los niños al bosque,
corren con dulces mostrando,
y el más pequeño de ellos su aliento lleva libando.
Dulce garapiñado y dulce achocolatado:
labios almibarados.
En cada risa se notan los dedos dulcificados.
Y corren los niños, corren,
saltan con dulce en la mano;
el mundo cargan chupando,
las ganas tejen jugando.
Dulce garapiñado y dulce achocolatado.
Allá por la verde loma los niños vienen brincando.
Sobre la senda los gritos, sobre el paisaje los ruidos.
Labios almibarados.
El río planta sus ojos en cada cactus jaspeado
y la montaña de mimbre les toca un timbal de ornato.
En el lindero la cuesta su sombra les va buscando.
Dulce garapiñado y dulce achocolatado.
Un niño pisa un lagarto que corre todo asustado
y grita su pecho abierto llenando de espanto el llano.
El eco duerme su siesta, se agrupa al oír el llanto,
y las criaturas se abrazan mostrando pavor y espanto.
Allá por la verde loma los niños vienen brincando
y el río abre sus ojos con los timbales del canto.
Dulce garapiñado y dulce achocolatado.
El más grande del grupo le dice al más pequeño:
“Tiéndete de muertito para asustar al lagarto y correrle todos al llano”.
Y el niño con su bolsita de goma y cacao blanco
le dice todo agobiado:
“Y cuando me muera todito, ¿podré seguir comiendo el cacao?”
Una vez había un barquito
Divino amor y grácil el de un niño
que aprende del cielo los vocablos
y los susurra con la dulce suavidad
que emite el alma en sus labios.
Y dice:
-Mami, ¡te quiedo!
-¡Precioso querubín! –responde ella,
¡mi niño hermoso y primoroso!
Hoy, más tarde,
ya que el sol sus rayos en la sombra los recubra,
iremos a la tienda y un presente he de darte:
un barquito que su vela en la mar levante,
que su ancla sea de plata y a las aguas las reviente.
-Mejod un caballito.
Mira, será un barquito grande y la proa tan brillante
que igual que un espejo resplandecerá cuando se embarque.
-Mejod un caballito…
Tendrá el color del mar su inmenso casco y, ¡tan enorme!,
que el azul será el que lo adorne.
-Mejod un caballito…
-Navegará entre la sal
cubierto de ostras, almejas y gigantes calamares.
-¡Mejod un caballito!
-Surcará y dejará estelas en la espuma blanca y agitada.
-¡¡Mejod un caballito!!
-Después, un capitán,
con su gorra blanca y su ajuar de marinero,
irá al frente conquistando el horizonte.
-¡¡¡¡Mejod un caballito!!!!
-Y el barco izará sus velas avivando las mareas.
-Güeno, mejod deguézame mi te quiedo.
Voy a platicadlo con papi.
Salvador Pliego
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[...] Poemas infantiles II Patria, la tierra llama [...]
He leido el primero y me ha encantado,cuentame un cuento y me haces recordar cuan inquietos son mis hijos y las veces que jugando les he pedido un cuento y han tardado un rato largo en abandonar sus berrinches y caprichos para contarme el más fabuloso cuento salido de sus mentes fantasticas ,nuevas y llenas de imaginación,los de Loe son cuentos de aviones,de guerreros,de luchas entre el bien y el mal,los de Mili son cuentos de princesas,hadas,princiepes,amores y ternuras.
Tu poema es tal cual son ellos,y me ha encantado,volveré después a leer los otros poemas así bebo de este nectar dulce que son tus letras despacito para saborearlas como se merecen,un abrazo!
Alguno contaré y narraré a mis peques.
Un abrazo.
Me fascina este rincón de tu blog, creo recordar que te dejé un comentario hace ya tiempo en el que te lo hacía saber.
Entro con frecuencia en él en silencio y me empapo de dulzura.
Un abrazo.
Hermosos poemas
Llenos de realidades y de fantasías entremezclados con destreza.
Poemas para niños y leerlos es ir inculcandolos en amar la poesa, que la sientan y la comprendan.
Un saludo muy cordial.
No soy niña
Mis hijos ya son grandes
Pero si dentro de mi hay una niña
como no me los voy a leer.
Preciosos poemas, Salvador.
Fíjate que cuando era una cría, esta clase de poemas no me llamaban mucho la atención. Me gustan ahora… Qué cosas!
Besos!
Que dulce!!! La primera vez que te leía algo así fue precisamente con “había una vez un barquito” y no sé por qué, pero desde entonces recuerdo mucho ese poema… me llegó al alma. Tus letras están llenas de mucha dulzura y de muchisimo amor.
Besitos.
Son unos poemas preciosos salvador…alguno me pillare para leerselo a mis hijos…un abrazo…
Poeta mira que te tenìa olvidado, y no habìa visto estas bellezas….
hermososssss.
besos y exitos
10/11/2009 a 9:25 am
No cualquiera puede hacer poesía infantil hay que tener una entrega y don apropiado…. a tus pies Salvador…
Esta sección la leeré con mi hija, ya que le apasiona la poesía como a la madre….
gracias.
cariños
besos muchos muchos.. y un fuerte abrazo.