
Todos los poemas son de Salvador Pliego
La niña que brillaba
!Qué rostro tan divino
que a sus cuatro añitos lo alegraba todo!
En las noches una historia le contaba,
y ella, más que entretenida,
vivía con algarabía la aventura.
Una noche le narraba:
Es aquella estrella, la lejana,
la azul que se miraba,
que sorpresas siempre daba.
Y el cielo la clareaba y la besaba
para que brillara.
Un día el firmamento
le mandó un alma para que jugara,
y la estrella, en atención,
centelleó una cauda
e hizo que un rubor se le asomara.
Se decía que era el alma
que en su adentro le cuidaba.
¿Puedo? ¿Puedo? – Interrumpió.
¿Tocarla, puedo?
-No mi niña. La estrella es muy lejana.
Si tocarla alguien pudiera
desde ya se deslumbrara.
- ¡No la estrella, sino el alma! –Respondió.
¿Puedo, entonces, ya tocarla?
Y con su manita clara y afilada
a mi pecho le rozó.
Vale un sentimiento, tan puro como su alma,
lo que una estrella en la noche alumbrara,
y una niña regalara, con su tacto,
lo que esa cauda azul brillara:
una sonrisa en mi rostro
que la noche reflejara.
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La abejita
¿Qué pasaría si a una abejita
la diosa tierra, por travesura,
la naricita se la cambiara
y le pusiera, como diablura,
la de elefante con mucha holgura?
¿Te la imaginas si la jirafa
un cuello largo le regalara,
y que al volar fuera tan grande
que con el suelo siempre rozara?
Y si el león, por simple broma,
le concediera tener melena,
seguro y fuera la leona madre
con su peineta a embellecerla.
O si el pescado su cuerpo le obsequiara
y de escamas la abrigara,
¿te la imaginas cargando miel,
ya no en cubetas, sino en aletas?
¿Qué pasaría si la abejita
fuesen sonajas las que tuviera
y las usara cuando volara?
¿Te la imaginas en tu ventana
sonando siempre por las mañanas?
Mas la abejita, siempre chiquita,
carga que carga sus cubetitas.
¿Te la imaginas, así de dulce,
chupando el aire con su lengüita
y regalando su mielecita?
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Sirenas
De niño me daba por dibujar sirenas.
De niño….
Aquellas que en su frente una gaviota hacía su patria.
Les colgaba firmamentos y peinetas
y doblaba sus escamas, que eran tres, para contarlas.
Su boca les pintaba
con atunes, mantarrayas y dejaba tiburones
tejiéndose en sus faldas.
De niño dibujaba yo sirenas:
Tres escamas, tres guirnaldas,
y a las tres las encantaba.
Y las tres volaban despeinándose en mi almohada.
De niño dibujaba tres guirnaldas,
y en mi estrella cobrizada las guardaba.
Y de un hilo sobre el techo se colgaban:
Tres sirenas,
tres sirenas sin escamas
y a las tres yo las besaba.
Y en sus lanchas de nitrato iba yo y les soplaba
a que volaran con su pecho
que de plata les radiaba;
tres sirenas de guirnaldas que brotaban de mi cama.
¡Anda, luna! –Le cantaba.
Que brillara arrebolada
y adornara a mis doncellas.
¡Anda, luna, ve con ellas
y del cielo te alumbraras!
De niño… yo de niño dibujaba:
Una lámpara,
una aleta
y tres sirenas de Cantabria
que un espejo reflejaba.
Dime, luna –preguntaba:
¿es de lino tu mirada?
Y ella al verme replicaba:
Tres guirnaldas,
tres sirenas,
tres escamas que un niño dibujaba.
Y yo dejaba que alumbrara
con su rayo mi ventana.
¡Mira, luna! –señalaba.
Y tres estrellas con su aro centelleaban.
Yo de niño dibujaba:
Tres guirnaldas,
tres estrellas,
tres sirenas,
y una luna de mi infancia
que pasó por mi ventana.
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El cuento y el abuelo
Buscando impresionar a la inocencia,
departía su cuento el abuelo:
Los dragones eran fieros como el fuego mismo:
sátrapas incendiarios de la noche
que incendiaban la tierra hasta agotarla.
Sus fauces ácidas flameaban hieles
y dejaban doquier ceniza y rabia.
El valle les temía como un corderillo amedrentado.
Con sus garras secaban ríos, lagos, vertederos y pantanos;
carbonizaban cuanto había en sus caminos.
Y el humo de sus bocas dejaba rastro por su paso,
con ese hedor ya rancio y fermentado
que olía a azufre y descompuesto vado…
-Abuelito –le interrumpe el niño-, ¿y los dragones todavía existen?
-No, mi niño. Son solamente cuentos.
-Entonces, ¿por qué sale humo de tu boca?
Y el abuelo, absorto, sin poder decir palabra, se tragó el cigarro.
Desde entonces Campanita se volvió protagonista de aventuras.
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La dieta
Hay razones de los hombres
y las hay igual para la infancia.
Aquellos pensamientos que incursionan en la historia
por ser célebres y memorables,
o citas de un ilustre, o decires de los grandes,
tienen ya guardada su página y la letra engargolada.
Aquella tarde de arboles, de versos y alegrías
(campiña, yo diría, y luego algarabía),
corriendo entre la greda las risas afluían.
Jugaba a la pelota con niños de la esquina,
y uno de ellos, el más chiquito, y que a la bola
al mirarle le temía, fijó su vista en mí mientras corría.
Al percibir su tierna miradita me acerqué a ver su dicha.
Sus ojos, aún de nene, dulces y brillantes,
enriquecieron los míos tan sólo al mirarles.
Y es que un niño es de su alma lo que expresa y lo que habla.
A dos metros, ya cercano, señalándome su mano a la barriga,
con su voz finita y trinitaria, dijo:
“¿Zigüeña, agüelito?
¿E un nenito?”
No es la voz de un sabio que conmueve,
ni las razones de un jeque cuando ordena,
sino la voz de un Querube lo que suena,
porque llega hasta el fondo
y es de su alma la certeza de lo dicho y lo que expresa.
Por tan ilustre comentario, hubo dieta a ultranza y hecha diaria.
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La cucharita de plata
Y si de garabatos se trata,
píntame un oso que un oso veía.
Y el oso tenía una cucharita de plata
que en ella comía cuando el sol salía.
Y al sol lo ponía en su cucharita
porque hacía como que se la bebía.
Y un babero de ristra sus manchas tejía,
para que el sol con sus rayos cayera en la silla
y el oso con ella su sopa bebía.
Bebe que bebe, ¡y todo bebía!,
cucharita de plata donde el oso aprendía.
Un garabatito de tinte donde el oso corría
y otro más chiquito
donde el sol se mecía.
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Verde
Rosa de mar, marchita sombra,
llegaba el piadoso o la barrena férrea
frente al calor de hoguera y flama entera.
Pero no pudo el mar, no pudo el cielo,
como la primavera mirarse en ella.
Yo te busqué en el corazón:
niño de agua, bebé de plata,
Arcángel silabario de cuna alegre,
para besar tu frente,
para mirarte enfrente.
Verde y rocío como que cae,
como se siente cuando al mirarte.
Verde mi niño, lloras de frio.
¿Por qué tu rostro llueve prendido?
¿Por qué me olvido mecerte en rio?
Y cuando brotas de verdes ramas,
verde, mi niño, mi verde olvido.
Verde, como tus ojos,
cuando se sienten durmiendo solos.
¡Qué verdes son tus manojos!
Florecen, ¡florecen todos!
Soñando cual dos antojos,
bebiéndose el mar de hinojos.
Verde mi niño, mi niño de oro,
como la primavera nació en tus ojos.
No pudo el cielo darte otro rostro
mas que el del verde junto a tus ojos.
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Angelito
En tu dedo se posó un ángel.
Respiraba alas y exhalaba un manantial de aves.
Su carita fresca, su dormir de estrella
y su cuerpito dócil centelleaban cual estela.
Se dormía en corales y buscaba almejas
que le dieran buenas nuevas, y contaba orugas
desplegando alas para ver capullos
de cristal y acelgas.
Vestidito de ángel se quedó dormido,
acurrucado en seda donde un suspiro,
y de su aliento dulce espiraba versos
de sollozos finos y exquisitos trinos.
Curioseando el alba se acercó a mirarlo,
despertando al ángel de tranquilos aires.
Y volteando el rostro, el angelito dócil,
la tomó de un rayo y la acercó a su boca,
y empezó chupando sosegando al alba,
y quedó de nuevo dormidito
en la más serena fantasía del alma.
Duerme, duerme –le decía el alba.
Y el chiquito chupa su dedito y calla.
Duerme, duerme –repetía con calma.
Y el chiquito al alba le chupaba el alma.
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Contando días
Uno… do… tre…
Contaba el querube,
y sus deditos no alcanzaban uno más.
Uno… do… tre…
El tiempo es sumatoria
y sólo el longevo, con sus años,
va restándole a la cuesta de la vida.
Uno… do… tre…
Pero el niño cuenta y cuenta
y mete días de alegría,
y siente que sus horas va sumando
al marcarlas con la mano,
como un serafín que agrega
sonrisitas y las mima.
Uno… do… tre…
Uno… do… tre…
El niño, con su gracia y su ternura,
cuenta y cuenta y cuenta,
y ya en la cuenta desespera.
Y con su infantil rostro de inocencia,
alza la voz y grita:
¡¡¡¡¡Mami!!!!!…
¿Y cómo voy a llenad ezte codazoncito de vida,
si sólo zé contad hazta tre?
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La más bonita
¿Cincelar la estrella?… ¡De dónde!
¿Acaso el poeta, el escultor, el artista de las manos aceradas?
Renoir, Seurat, Van Gogh, Gauguin…
¿Acaso el ceramista, el pintor o el orfebre?
Y de mis manos la sutileza pura:
en el pincel de carda fina,
en la letra altruista que miraba la paleta de oro,
en el cincel de fina utilería y enmarcado en viruta del rojizo cedro,
la más alta inspiración enseñoreaba,
la genuina exaltación del arte
en la exquisita y más perfecta de mis obras.
Plástica y maleable forjé la estrella entre mis dedos.
Como el preludio del sonido sus aristas deslumbraban.
Como un fino hilo descolgándose del centro su masa desbordaba.
Los Jardines Colgantes y el Templo de Artemisa vitoreaban y aplaudían.
Y el orgullo mío, como artista, del espacio se crecía.
La colgué en el muro de mi cuarto,
en la pared de frente hacia el paisaje
y salí a la calle a levantar la voz cual endiosado orfebre.
¿Cincelar la estrella?… ¡Ja! Es mi obra. Les decía.
Y volví a la casa entre palestras de agasajos.
¡Es mi obra! Les decía.
Mas al volver al cuarto ya no estaba
y en una esquina de la cama su escultura rota se miraba.
¿Qué ha pasado? ¿Qué ha ocurrido?
Como loco embravecido alce pedazos de su masa.
¿Qué ha pasado? Imprecaba.
Y desde el fondo de la cama,
con su rostro de querube, con su tres añitos vivos,
extendiendo sus manitas,
alzó su vista… y con la ternura de sus ojos me miró y me dijo:
“¡Fue un accidente…!”
Desarmado, sin vocablos, la subí a mis brazos, la tomé conmigo,
la subí hasta el cielo, la besé mil veces…
¡Ay, mi niña. Si eres tú la más preciosa de mis obras!
Y jugué con ella hasta dejarla adormecida…
Y jugué con ella como nunca en la vida…
Y la subí hasta el cielo como suben las estrellas…
¿Y la obra? Como siempre… la basura va en el cesto y a tirarse.
Más poemas infantiles en este link: Poemas infantiles II
Salvador Pliego
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De momento te he leído….La niña que brillaba…..
y la Abejita……………..
Son encantadores, dulces y tiernos.
Bien se dice que un poeta lo és…………..porque de todo sabe escribir.
Un abrazote y seguiré leyendo………raudo y veloz ,en tanto el tiempo me lo permita.
…Un angelito eres tu……
…un cupido con flechitas de versos….
….dando amor, cariño, ternura y mucha alegria…….
Una sorpresa muy dulce ha sido descubrir tus poemas para niños.
Los he leido saboreando cada verso, como si degustara golosinas en mi alma de niña guardada en mi interior.
Un aplauso enorme gran poeta.
Tu amiga siempre.
Mi abrazo argentino
…Tienes corazón de poeta, de niño grande, de hombre niño…ke lindo…
Estimado Salvador,
Gracias por dejarme tu comentario en mi blog!
He pasado por aqui, y estoy fascinada con tus poemas infantiles, y aún sigo recorriendo tu blog!
Me ha gustado mucho! Gracias por contactarme!
Un abrazo desde Venezuela!
Hola Salvador. Estoy encantada de conocer tu trabajo.
Preciosos tus escritos. Estos poemas infatíles me parecen de lo más bonito. El de la abejita me ha arrancado una sonrisa…
Gracias por dejar tu huella en mi casa y felicidades por este hermoso blog.
Un abrazo
Me han gustado todos¿como no? pero el de el abuelo tragandose el cigarro…buenisimo.un besazo
la abeja
He enlazado esta sección de poemas a otro de mis blogs, te dejo el enlace, si tienes inconvenientes, dímelo.
1- http://xqsabes.spaces.live.com/
Entrada general
2- http://cid-202b4ede27472e09.profile.live.com/Lists/cns!202B4EDE27472E09!320/
Entrada específica
Buenas noches Salvador
He pasado desde tu poema “Algo en tu vientre” a estos infantiles.
El primero me ha parecido de una gran sensibilidad y estos llenos de ternura.
El de La abejita, me ha encantado, me ha recordado a Gloria Fuertes, posee esa chispa que logra dibujar la sonrisa de niños y mayores.
Hermosa tu obra. Un cariñoso saludo.
Hola Salvador!! Me ha encantado el poema que has hecho.
Escribes de maravilla.
Muchos besoss.
Sara.
Que lindo Salvador tendrias que haberlos puesto por separado para poder comentar uno por uno, son cuentos poemados con un contenido esquisito y cada uno es mejor que el otro me quede maravillada no sabia que tambien escribias poesía infantil, te cuento que esto es lo que escribo yo casi exclusivamente no hay mejor mundo que el visto con los ojos de un niño.
Aplausos poeta, un abrazo para tu alma
Hola Salvador!
Hace días que estoy por comentar porque he estado leyendo tus poesías, pero estas semanas han sido atareadas por mi trabajo y no me gusta dejar “dos palabras por cumplir”. Escribes maravilloso, y esto no es halago de blog, eres muy bueno. Me detuve en poesías infantiles porque son mis preferidas y me has hecho sonreír. La de la abejita está colmada de creatividad y tiene un lenguaje excelente, la del abuelo me sacó una sonrisa con ese final gracioso, y la de la sirena es muy tierna. Pienso que debías separarlas, así los comentarios se centran en cada una; no sé, es sólo una idea, perdona el atrevimiento.
Luego regreso, me falta mucho por leer.
Un abrazo.
Me he venido a esta parte de tu blog, me he empapado de ternura y hoy te quiero destacar el poema de “Contandos días”
Qué preciosidad de inocencia, qué bien conservas el niño que llevas dentro.
Abrazos.
Hoy vine, de consentidora, ahhhh ya ves, dos dìas que no te veo, y ya me preocupo, jejej…
En mì, si esta bien desaparecerme…
pero usted no puede, no señor!…
tenes muchas fans y luego nos sentimos huerfanas
sin el gran poeta.
un abrazo bien càlido pa el fin de semana
QUE ESTOS POEMAS SON INTERESANTES PARA LOS NIÑOS Y PARA EL MAGISTERIO
Ahora si ya lei varios de tus poemas y puedo decirte que estoy sumamente halagado por ello.
En un solo rato pasate de ser un “desconocido” a un enorme escritor que sabes plasmar un tus versos la belleza de la vida.
Gracias por compartirlos y espero ser digno de tu amistad.
me parecio bien pero deben poner poesias con rimas
están buenos, estaria bueno q pusieran los autores
tenés razon es tu pag no me fige la primera vez q entre,lo hice asi alo tonto porq me interese por el primer poema,es raro encontrar alguien q se exprese tan espontaneo enla poesia infantil.te felicito porq realmente creo q tenes un gran talento
¡Cuánta dulzura!
Hoy por la tarde pasé de visita, y me prometí regresar a leer esta sección (y la número II también); ¡menos mal que lo hice! Toda esta ternura antes de dormir sí que suscita unos dulces sueños.
Permítame una felicitación particular por “Contando días”, es especial esa forma de expresarlo. Me emocionó.
¡Lo felicito! Hasta pronto.
16/02/2009 a 11:13 pm
Divinos todos los poemas,
ha sido un viaje lleno de ternura y sonrisas brotando de mi alma, escribes como los Dioses…
Gracias por todo lo que aportas a nuestro diario transitar por las letras, eres Maravilloso.
Un beso para tu alma de NiÑo.