SALVADOR PLIEGO – POESÍA

LAS CUATRO ESTACIONES (Primavera y verano)

Posted on: 20/10/2011


(Desayuno en el jardín de Monet)

LAS CUATRO ESTACIONES

I
Primavera

Ésta es la piedra vestida de harapos
y nudillos para que nacieras.

¿Sobre qué embrujo de aves y maíces,
encima de qué hilazas y desvelos,
arriba de qué héroes y qué vestigios,
o de qué ruinas de silencio halladas en la noche
te ungiste de pólvora con huesos y poros de estallidos?

No hubo eslabón antes de ti, ni torres, ni refugios.
Lo que el hombre al hombre dio fue su primavera,
en un tobogán de piel, aire y huesos;
con un sabor de enhiesta bienvenida.

Entonces, amartíllale su sed, su corazón de humano,
su ventrículo arrepentido, su costado investido
por la helada en la ternura.

Desde las raíces, como una gota que al vapor
hace temblar su hora diaria, su diurna madrugada,
arribaste a las cadenas más simples y egregias;
no sin el permiso de los golpes,
no sin la desnudez de los desprecios.

¡Aquí estoy!, dijiste,
ya golpeando al nuevo tiempo,
ya saldando a la intemperie
y a la tierra con tus venas.

¡Aquí estamos!… Yo, Martínez; yo, Altagracia;
yo, María; yo, Epifanio; yo, Alicia; yo, Leónidas;
llenos de vítores y aplausos,
copados de nuevas azucenas,
vestidos de originales hilazas;
con las manos abiertas
tocando lo que no pudieron las nubes juntas,
ni alcanzaron las alas en su agreste ruta,
o mirara, estática, desde su eterna heladera,
la cúspide volcánica extinta.

¡Todos al combate!…

Aquí estamos hechos polvo, hechos viento,
hechos cera por la tierra:
ojos negros de campanas,
manos tibias e invasoras,
piernas de hojas con sus lanzas,
pies descalzos de murallas,
bocas fuertes de cactáceas.
¡Aquí estamos sin banderas!

¡Todos a la marcha!

¡Todos a la pluma!

¡Todos a la vida!

II
Verano

De unas tenazas arrancaron huellas, chairas,
puntas, direcciones; y les llamaron manos.

De los sollozos cortaron arcos, soportes,
sostenes, pilastras; y les llamaron hombros.

De los destinos extrajeron travesías, itinerarios,
rumbos, derroteros; y les llamaron pies.

De los torrentes sacaron acceso, figura,
molde, matriz, armazón; y le llamaron tronco.

Del soslayo obtuvieron iris, mirada, reflexiones,
carácter, expresiones; y les llamaron ojos…
después, el rostro.

Y cuando el pulso, en pleno albedrío,
vació su ángel de piedra y yugo,
se fue al ente para decirle:
“Eres latido.”
Y le produjo el pecho, frágil, como un suspiro.
Y le nombraron: Hombre, el Dios del sino.

Salvador Pliego

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Si les gusta lo pueden circular entre sus
amistades libremente.

– – – – – – – –

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6 comentarios to "LAS CUATRO ESTACIONES (Primavera y verano)"

Mi estimado poema: versos elocuentes, profundos como pueden ser cada estacion si se logra vivirlas con pasion.
Muchas gracias por la oportunidad de leer tus Libros!
un abrazo

Corrijo: …estimado poeta….

Buenas noches Salvador:
Poesías como las tuyas, hacen que la blogosfera sea más bella, en todsas las estaciones.
Un abrazo desde Valencia, Montserrat

La Verdad es Vida
La Verdad es Amor
Amor es Dios,
Dios que hizo al Hombre a su imagen y semejanza y a una compañera del barro y su costilla.
PD: me gusta el dulce de membrillo 🙂

SALVADOR ESTE ES UN CUENTITO DE LAS CUATRO ESTACIONES

LAS CUATRO ESTACIONES

Por Jorge Eduardo
Argentina / 2000
Fecha de alta 17-09-2009

El invierno llegó con copiosas nevadas, el techo de la casa y los caminos quedaron cubiertos, solamente la nona llevó su pala y sacó la nieve; sola paleó y paleó el techo, el frente de la casa y los caminos para llegar al criadero de aves y de cerdos.

La vieja casona albergaba a los tres hijos y 5 nietos de la nona con sus familiares; el nono había muerto. Ninguno de ellos se ocupó en ayudarla con todas las tareas de la casa; sólo le pedían nunca le daban. A la nona no la consideraban como alguien importante de la casa; flaquita y chiquita nunca valoraron el tremendo trabajo que ella ejecutaba.

Con la primavera nacieron las flores blancas, hermosas y perfumadas, cubrían el prado; al llegar el verano la nona cortó las flores y fabricó con ellas “su vino”.
El vino de flores blancas tenía su secreto: Era un vino negro, con sabor a tinto; y perfume a flores.

La despensa guardaba los jamones, chorizos, dulces, y el vino que ella hizo.
Al finalizar el ciclo, el otoño, cayeron las hojas y la nona murió; la enterraron con un pequeño cajón y nadie se percató de lo que sucedería; la nona murió y era lógico: Estaba vieja; alguno lloró, pronto se dieron cuenta que nada era igual.

La nieve cubrió los caminos, y aplastó el techo, los animales murieron de hambre, las flores por los rincones de la casa ya no perfumaban y el vino se acabó.

Fueron estos hechos que los llevaron a valorar a la nona y a pensar que había muerto. ¿Fue por eso que la vida para ellos no era igual?
…¡No la consideraron, no le ayudaron!
…¡Pero cuánto valía la nona!

Jorge Eduardo
La Plata
P/D ME ENCANTAN TUS VERSOS Y LO QUE ESTIMULAN EL PENSAMIENTO

Como siempre mi querido Salvador, después de leer tus versos no queda otro camino que volverlos a leer, porque encierran profunda y cálida belleza que embelesa….rima y es verdad….Un fuerte abrazo fraterno….

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