SALVADOR PLIEGO – POESÍA

Cantar del Mío Aguayo

Poesía Cómica

Canto I
(Donde se narra la historia del pueblo de El Alto y el pueblo de El Bajo.)

Gesta de trova, berma y confín,
las flautas de mimbre, del cedro y jazmín,
cuentan juglares la historia con pompa y flautín.
Allá por la meca en el verde aserrín
forjóse la gesta del pueblo aguerrido
y a punta de fuerza la letra talló
fundiendo en las brasas el sonoro clarín.

Aguayo era un pueblo de clanes formado.
Pegado al cerro, El Alto es llamado;
Cercano al arroyo, El Bajo es nombrado.
Valientes sus hombres, de fina hendidura,
los cercos cruzaban mostrando su hechura.
Bellas mujeres paseaban sus lindos haberes,
regando las calles de miel y quereres.

– Esperad, esperad, viejo bardo, poeta trovano,
que he escuchado que Aguayo es un pueblo
y no El Cid que esperamos del canto.
– Dejadme seguir, escuchante, buen hombre mundano,
dejad que la historia prosiga y no interrumpid.

Parientes cercanos de El Alto y El bajo
formaban el pueblo en el valle de Aguayo:
aquel era el primo, el otro el sobrino,
a cual que mirases era tío del tío.
Así en el valle sentóse la historia que voy a decir.

Canto II
(Donde se narra de cómo inicióse la contienda y sus consecuencias.)

Gordiano era patriarca del cerro de El Alto.
Hombre vivaz, adusto y arisco,
de mueca brincona, de labia saltona.
No daba sosiego si alguien osase ponerle por peto
abstinencia y mordaza y dejarle la lengua callada y en veto.

Incisivo, Gurmino era el anciano del área de El Bajo.
Huraño y esquivo, como el primo de El Alto.
Cuanto más se porfiaba de su sabio talento,
más discutía consigo y dejaba el sustento.

– ¿Y si eran familia, entonces por qué la contienda?
– He dicho que guarde la lengua y me deje seguir.

Cuenta el flautín que un día por la tarde
a media vereda escuchóse un grito a medio morir.
Una Doncella del pueblo de El Alto gritó pecho abierto
pidiendo auxilio a quien le pudiese asistir.
Por miedo y tristeza la dama ultrajada no quiso los nombres decir.
Corrieron entonces valientes guardianes
a El Alto y El Bajo buscando al causante del hosco improperio,
que a más de un fulano le hizo zaherir.

– ¿Entonces dejó de ser Dama la bella en desliz?
– No entiendo su mofa, ¿lo vuelve a decir?
– ¿Que si ya no era Virgen la pobre infeliz?
– Vaya osada pregunta, me ha hecho reír.
Su vana consulta no me hace feliz.
Si era Virgen o no, no lo puedo expresar.
Era bella de origen, clavel celestial,
agraciada y maja cual divino rosal.
Virgen impura…
– ¿Perdón?
– Mire lo que me hace decir.
Mejor se me calla y me deja seguir.

Buscando al causante del cohecho e infortunio ultraje,
expandieron la búsqueda sobre los jacales
y sólo dos hombres de El Alto y El Bajo estuvieron ausentes
y entre matorrales: Gordiano fue uno, el otro Gurmino.
Y a falta de pruebas que delatase al culpable
cada quien con su gente se fue a su poblado,
dándole inicio a la lucha en el vado.

Canto III
(Donde se narran las trágicas y tristes batallas a consecuencia del consabido ultraje.
De cómo pulularon quejidos y fuertes blasfemias. De los chismes que corrieron para generar intrigas en ambos frentes. De una que otra ofensa proferida, además de los castigos al oprobio, del engaño y la traición. Así como la incertidumbre por la falta de Doncellas Vírgenes durante la cresta del aguerrido conflicto.)

Amén.

(…)
– No entendí. ¿Cómo que amén y ya? ¿Qué quiso decir con eso?
¿Y todo lo que iba a narrar?
– He dicho amén.
– ¿Y la Virgen Doncella?
– Prosigo.

Canto IV
(Donde se ilustra de los pormenores del susodicho ultraje.)

Cansados los aldeanos de rudas disputas,
firmaron la paz en noble hidalguía,
poniendo por regla sentar en la silla
a aquellos sujetos que comenzaron la felonía..
Quince valientes y bragados hermanos formaron la mesa,
que en torno a Gordiano y Gurmino, los juzgaría.

-¿Y ahí estaba la bella Doncella sentada?
(…)
-Nuevamente prosigo.

La gente atisbó inicialmente a Gordiano.
Fieras preguntas, secas miradas, esperando respuestas del viejo de El Alto.
Paróse Gordiano mirando al empedrado
y con flácidas fuerzas inicióse el relato:
“No fui yo quien lo hizo – afirmó el anciano.
Gurmino y yo estuvimos tomando refino
hasta las horas que el viento da escalofrió.
Ya siendo tarde nos fuimos hacia el camino buscando bajarle un poco al vino,
y habiendo un desvío miramos de lejos su bello racimo.
Fuimos entonces a decirle de cosas, mas ella lucía como diva enjaulada.
Juro no fui el que la ultrajara”.
De Gurmino fue ahora el turno, quien más que asustado,
titiritaba cual palo de escoba frente al ágora que buscaba el reclamo.
“Juro, igualmente, que no fue felonía lo que le pasara.
Tan sólo el ombligo fue lo que le tocamos. Y fue un simple dedo lo que le acercamos”.

-¡Ja!, el ombligo… ¡le voy a creer…!
-¿Qué no ha de callar?
-¿Para qué quiso gritar?
-¡Por Dios! El alma he de sosegar y el injurio no expresar.
-¿Entonces aún es Virgen?
– Mi boca he de tapar antes de la blasfemia declarar.
-¡No lo puedo creer!
-¡Sálvame cielo y dejadme acabar!

El vulgo clamó a la Doncella y cedió la palabra sobre la palestra.
Del jurado una voz declaró cual sentencia:
“Decidnos entonces, ¿por qué el grito en la selva?”
Y la Dama mirando el lucero propaló su palabra:
“Porque ya estando animada, de los dos ninguno hizo nada”.

-Ja, ja, ja, ja… entonces ninguno…ja, ja, ja, ja…
-Silencio, por Dios, que es usted peor que bazofia.
-Y ella animada… ja, ja, ja, ja, ja…
-¿Habrá usted de guardar compostura?
-Si, pero… ja, ja, ja, ja…
(…)
-Concluyo, por tanto, el relato.

El juzgado decidió clausurada la sala
no habiendo alegato que empañase la audiencia,
diciendo inmediato, por ley y por regla,
que picarse el ombligo era muy grato.

-¡Vaya Doncella!
-He dicho me callo, pero digo estoy harto.
¡Si ha de hablar una más, con esta lo mato!

Canto V
(Donde se concluye la historia y el canto del juvileo.)

Desde entonces el canto del juvileo,
donde la gente le hace al meneo,
el dedo pulgar es todo ajetreo
que se mueve al ombligo más feo.

¡Juvileo, juvilei!, que vista el hombre cual Rey,
y lleguen bellas coronas pintando el aura y la grey,
por esa lindas Princesas que tienen ombligo
y los toca mi dedo cual suave carey.
¡Juvileo, juvilei!

-¿La Doncella es aún virgen…?
¿Y si le toco el ombligo…?

Salvador Pliego

– – – – – – – – – – – – – – –

3 comentarios to "Cantar del Mío Aguayo"

…ayyyy….que divertido….Gordiano o Gurmino….por fin

Jajaja… Este escrito es uno de mis favoritos, además de ser divertido tiene muy buena rima.

Muy divertido Gordiano… Saludos.

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