SALVADOR PLIEGO – POESÍA

Archive for the ‘Vida’ Category

Saldrás ahuyentada de mí.
Te irás vociferando con tu espuma de nitrato
y con la misma yugular que siempre cuelgas en los labios.
¡No es tu tiempo! –te diré.
Y te morderé el cuello y el espanto
y todo aquello que cuelgue de tus brazos o tus senos.
¡Hereje, casquivana! – te gritaré donde te encuentre.
Te cortaré la hambrienta mirada
y arrancaré los cofres que muestras en el vientre.
Aunque me ofrezcas el arrobo de tu sexo
y la perpetuidad de tu alquimia,
te miraré de lado, con el gesto en compostura y corpulento.
Ataré entonces el día, la miel del girasol,
alguna estrella inconclusa,
una hebra de cielo y nube,
un ave peregrina llenándose el pico de lunas
y una que otra bruma,
y los meteré a mi talega
para cruzar el sur en su avenida.
No es tu tiempo, muerte,
hoy voy vestido de verso y alegría.

Salvador Pliego

El que guste leer alguno de mis libros,
lo puede bajar gratis haciendo clic en la
imagen del libro del lado derecho.
Si les gusta lo pueden circular entre sus
amistades libremente.

– – – – – – – –

Anuncios


Anciano

Tendrás las pupilas de la tierra
y el clamor dulce y blanquecino de tu historia.
Yo nada tengo sino tus ojos tristes.

Por sobre la orilla, el camino,
la taberna en que se beben los luceros
en el descanso de tus viajes
y la mochila de años recorridos.

Vendrán desde tus ojos
los panes y las ollas de un caldo de recuerdos.
Pero, yo nada tengo sino tus ojos tristes.

Y en el silencio de los cántaros
un río a su orilla le humedecerá sus hortalizas,
así como tus ojos al barro le llenarán de vida.

Pero, nada tengo y nada encubro.
Viviré y limpiaré mi vida con la vida.
Y en el recorrer del siglo,
plantaré tus ojos en los míos
y tus manos en mis huellas.
La isla de los años socavará la sed de mi garganta.

Me dirás: camina…
Y otra vez mi boca sembrará su primavera
recorriendo lo que seré y lo que he sido.
Pero, en los ojos de mi alma nada tengo…
sino tus ojos tristes.

Salvador Pliego

El que guste leer alguno de mis libros,
lo puede bajar gratis haciendo clic en la
imagen del libro del lado derecho.
Si les gusta lo pueden circular entre sus
amistades libremente.

– – – – – – – –


CREPITACIONES DE LA POESÍA

XXVI
Pájaro de la mañana

Sube el verderón a su aposento
y me subo a su ala recostado,
como si fuese una abubilla anaranjada
o un mochuelo cimarrón
que su libertad desespereza.

En los paisajes del ave que se entrega
me veo correspondido:
voy tocando sus miradas
de maquinistas de los cielos,
sus erguidas imágenes
que van comunicando sus quehaceres
de hemisferio y de corales,
sus atemperadas sílabas
que cabalgan permanentes
en los cantos de jazmines,
en los versos embriagantes
que las vocales van silbando
entre asonantes y pareados.

Soy todo perdiz, todo mirlo,
rabilargo de pico y sin tatuaje,
ruiseñor de uñas atrapado.
Y canto, no se a qué mañana,
a qué árbol redimiendo,
a qué posible vuelo
y en qué dirección perpetua.
Así la palabra existe
y se me va en el verso:
trinándola y tejiéndola,
asimilándola en silencio,
copiándola del bosque
o del centinela que rasgó la tierra
porque miró libres sus manos
y la vista liberó a los cielos.

¿Cómo decirles de la altura y la certeza,
de la madrugada que avista polen y cebada,
de los gritos de los mares a la tierra,
del pan que soplan los plumajes
y la geografía que llueve en las ventanas?

Profeso la vida y la madera
en que las aves sus nidos aposentan.
Vuelo al amor, a su cordial entrega,
a su extendido diploma de avecilla,
a su copete o cresta de gracia o enigma,
porque del amor se vuelan, hasta arriba,
mis ojos y mis manos,
como un jilguero
con su flautín de plata.

Salvador Pliego

El que guste leer alguno de mis libros,
lo puede bajar gratis haciendo clic en la
imagen del libro del lado derecho.
Si les gusta lo pueden circular entre sus
amistades libremente.

– – – – – – – –


LA VIDA

VI
Se me dio la vida

¡Alumbró!
Quédate ahí, le dije.
Una premura de anís y soya
corrió vertiginosa entre la aurícula
y el occipital de mi supervivencia.
¿En qué vigor de mí entraste?
¿En qué ánimo te enclavaste?
¿Y la robustez de arranque
era infinitamente igual a tu viveza?
Yo que me incinero el corazón
entre latidos
para ahogarme de sueños
en los sedosos hombros de los cielos,
vine de brazos abierto y acogido
por el embate de la dicha
en el eslabón de la turquesa,
de ojos abiertos, como fierecilla
sin dentadura y sin zapatos.
¡Qué virtud de besos
corrían por la vida!
¡Qué augurios de alumbrado
de la luna
se incrustaban en mi frente!
¡Qué milagro
de pájaro hilvanado en mi mejilla!
Quédate ahí, le dije.
Y un amoroso tropel de caballitos
se subió al carrusel de mi alma
para latir los días.

VII
De repente

Abrí los ojos de repente,
y me escogieron.
Tú eres tú, dijo el galeno.
Así de ríspido y tajante.
Cual del mundo se escogiera
un estambre… y dos orejas;
un pescuezo en fibra y arrachera… y dos orejas.

Era yo… y dos orejas.
De igual forma que Cervantes
distinguió al caballero del sirviente
con la finura de su equino.
Y no fue el lomo, ni el muslo,
ni el flanco o la cadera,
sino la envergadura de la oreja.

Tú eres tú, vaso de copa,
y el labio fuese el viento
con lunares y melena.
¡Qué cabello de hondonadas se me han vuelto!
Era yo en el pezón que a borbotones succionaba,
el ferretero aquel de primaveras,
residente que al tiempo le asaltaba.

Así vine a quedarme:
aún morado de las venas,
aún más morado de paños y de marchas;
húmedo, aún, de un cuerpo de agua y reventado.
¡Ay mujer del péndulo y el hambre doble
de mirlos en tu panza!

De repente abrí los ojos
y vislumbré el mundo:
dos mantas de pujanza,
dos miradas encintas de mujer y ceño,
dos brazos descargados de matriz y velas,
dos linajes de torsos circulares.
Era ella… Era yo… Y dos orejas.

Tú eres tú… dijo mi madre.
Y un pezón de nube y cielo
ancló el alba en el vacío de mi hambre.

Salvador Pliego

El que guste leer alguno de mis libros,
lo puede bajar gratis haciendo clic en la
imagen del libro del lado derecho.
Si les gusta lo pueden circular entre sus
amistades libremente.

– – – – – – – –


Perfiles de la vida

II
Vicisitudes

Iban correteándome las piedras… ¡Todas ellas!
Hoy, lunes, y en carrera… ¡Suele, a veces!
Iban rebasándome a un lado y por la izquierda.
¡Todas juntas!… ¡Todas ellas!…
Con sus caras largas, con sus muecas secas,
con sus tildes de dureza en la orilla
y los años por delante que se abrevian.
¡A veces pasa!… Y se llevan la vida en la carrera,
como si uno fuera el empotrado
de aquel Ghetto de Varsovia
que en muro queda una vez que vencen la barrera.
¡A veces pasa!… Y lo pasan a uno entre el polvo,
entre la marcha, cual fuesen lideradas por Aníbal
o fuesen los guerreros inmortales Camicaces.

Hoy, lunes… iban correteándome las piedras.
¡Todas ellas!… ¡Juntas, ellas!

IV
Altivez

¡Qué duras son las piedras!,
pasan cerca y a uno no le miran.
Aun siendo de templo
se aproximan y hacen que no miran.
Su duro basamento parece recrimina.

¡Qué duras son las piedras!
Por más que uno se acerca
siempre le castigan.
¿Tendrán tan dura el alma
que ahí, junto a Saturno,
mientras se devoran carne,
huesos y lástimas perdidas,
se encierran y más se petrifican?

¡Qué duras son las piedras!
¿Será que son los gritos
de ángeles caídos
volviendo al infierno,
purgando sus condenas,
inflexibles y en silencio?
Por más que uno se acerca
a uno no le miran.

¡Qué duras son las piedras!

V
Inclemencia

Piedras: mis versos;
como del mar: sin cantera y sin esteros.
Lajas de lado que están siempre rotando;
tan pétreos y duros,
tan llenos de barro.
Confines de lozas que al barrenar
se muestran rodando,
y rodando se pierden en el desfiladero.
Losas cubiertas de letras
que giran en bloque de terrón y granito,
y en bloque se entierran
como un gran monolito.

Piedras, mis versos:
tan duros y pétreos;
sin cantera, ni coplas,
ni esteros,
ni versos.

VI
Congoja

¡Qué pocos mis versos!,
tan chicos
y tan crespos.

Por la hondonada en que anduve
un canto me fue presente:
era un postigo y la oración del que duerme.
La vera se diluyó como un duende
que al mirarle corre y se esconde.
Por la hondonada en que anduve…

¡Qué pocos y qué exiguos
mis versos fluyen y prenden!

Si se tratara del Cid
o del cura y el barbero, les haría reverencia
con pollinos y escuderos:
un escudo en la espalda
y una lanza al que enfrentara.
Mas, por el camino en que anduve
no hay memoria que les nombre.

Cuando en la piedra les puse
y a Merlín fui a buscarle,
no hubo letra ni pica
con qué ir a sacarles;
los versos con los que anduve
ni en campiña los quisieron,
cual lastre se ahogaron juntos
y de la piedra se prendieron.

¡Qué pocos y tan callados
mis versos van por senderos!

Aunque describan la ruta
ni Petrarca hace guiños:
para el camino hay mojones
y el rezo del buen marino.

Un Capitán en la orilla
tomaba del mar su guía
y mi pluma simulaba
era ella que escribía:
un paisaje azul y crema,
y la espuma en cofradía.
Donde la ola subía,
el galope arremetía;
donde el ala rozaba,
viento y bruma eran solana.
Pero, no era mía la pluma,
ni mío el verso que había.
¡Qué parcos y qué entallados
mis versos el mar sentía!

Anduve así, anduve un día,
en la orilla de la vida…
¡Ay de los Jinetes,
cuando cuatro me seguían!,
uno a uno y dos en fila,
y cuatro en fondo me aturdían:
“!…Abandonad toda esperanza!”.
Y mi verso, Dios mediante,
en el infierno se perdía.

Pero, ¡qué nulas y vacías,
qué parcas y sencillas,
las letras mías,
que ni el mar,
ni el barbero,
ni el infierno,
ni mis versos
las querían!

Salvador Pliego

El que guste leer alguno de mis libros,
lo puede bajar gratis haciendo clic en la
imagen del libro del lado derecho.
Si les gusta lo pueden circular entre sus
amistades libremente.

– – – – – – – –


Divina

A Cenia Castro: por su amor a la vida.

Alces de la pradera en vertiginosa carrera,
alcanzando la cima, la primavera humana,
la más alta frontera de las alegrías,
el encendido canto de la cítara que arde en eco en las cinturas
y salta en las cuerdas y trenzas de las niñas.

Voces de las gargantas y las mariposas
recitándole a la madera, a la victoria de la luz,
que es su frondosa novia,
porque lleva el atavío del sí de la mañana.

Yo nací para amar, divina vida,
para vestir tu piel de horas y sonrisas,
convertido en sueño, en besos;
destinado a la plenitud, a la belleza,
a la vibración de cada instante,
a la sensualidad innata de la niebla,
a las alas ceñidas y brotando de los ojos.

Desde mi canto, amor, a las ortigas;
desde mis huertos de fulgor y de suspiros;
desde la risa del cristal,
la brillantez del ámbar,
la musicalidad del césped, el delirio del transeúnte:
yo nací para amar, divina vida,
al que me mire, a quien naciendo alegremente
lo pregone y lo cante en el alma mía.

En el crisol, en la fontana,
en el año nuevo, cuando al calzar lo viejo
vista el amor lo nuevo, cuando nupciales flores a ti te entrego,
el mismo soy,
el mismo siempre:
divina vida… divina siempre.

(Mis mejores deseos para ustedes en estas
fechas decembrinas y el año nuevo.)

Salvador Pliego

El que guste leer alguno de mis libros,
lo puede bajar gratis haciendo clic en la
imagen del libro del lado derecho.
Si les gusta lo pueden circular entre sus
amistades libremente.

– – – – – – – –


Contador de Visitas

  • 459,336 Visitas

Autor de todos los poemas: Salvador Pliego

Poemarios y cuentos

Si alguien desea leer alguno de mis libros dele clic a la imagen del libro y se abrirá en formato pdf. Lo pueden guardar como archivo en sus computadoras. Salvador Pliego

Cantos desbordantes

  • Hilada a mi corazón la quiero

  • Cantos desbordantes

  • Niños de la calle

  • Corcel de luz y plata

  • Corcel de luz y plata
  • ¡Lázaro, levántate y anda!

  • ¡Lázaro, levántate y anda!
  • Usted que me enamora

  • Usted que me enamora
  • Ayotzinapa: un grito por 43

  • Ayotzinapa: un grito por 43
  • El jardinero

  • El jardinero
  • 14 de febrero

  • 14 de febrero
  • Felicidad

  • Felicidad
  • Autodefensas comunitarias

  • Autodefensas comunitarias
  • Poemitas enamorados

  • Poemitas enamorados
  • Evocación de pájaros

  • Evocación de pájaros
  • Poemas de desamor y olvido

  • Poemas de desamor y olvido
  • Letras del buen humor

  • Letras del buen humor
  • Crepitaciones. Libro ganador del primer lugar del Primer Concurso Literario Andrés D. Puello

  • Crepitaciones
  • Arterias de la tierra

  • Arterias de la tierra
  • Poemas de amor y de bolsillo

  • Poemas de amor y de bolsillo.jpg
  • El libro de los besos

  • Los niños

  • México

  • Libertad

  • Libertad.jpg
  • Bonita… Poemas de Amor

  • Bonita-poemas de amorrosita1.jpg
  • Encuentro con el Mar

  • Encuentro con el Mar.jpg
  • Aquellas Cartas de Amor

  • Los Trinos de la Alegria

  • Claro de la luna

  • Flores Y Espinas