SALVADOR PLIEGO – POESÍA

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¡Ah! sin más.
Y mi alma cae al cielo y se destella.
Blanco, azul, rosa, tus labios verdes, tu morada nueva, tu cuerpo del fruto y de las islas.
Pájaros que pintan en ti el desliz y luego vuelan,
y luego picotean al alba con su niebla.
Sombras que desgranan el color de un rostro a viva mano
para observarle su belleza,
entre arcos que tornan tu figura.
El porqué del beso, la razón de las violetas,
el parpadeo de tus ojos…
Así, nada más… ¡Ah!

Y luego el tañer de las campanas: el toque de tus labios,
la amapola de tu lengua, la tenaza que es suspiro y que abraza.
Y el vacío de dos bocas que juntas se atenazan
en un verde, en un azul, en un bulbo de gladiolas,
en unos labios rotándose las lenguas,
en un abanico de alegres mariposas.
¡Ah, sin más!… ¡Sin más!
Sólo las lenguas con sus violas.
Sólo los besos con sus óperas y escénicas miradas.
Sólo el atardecer de labios sentados en las hojas,
arrullándose en las ramas,
acurrucándose en los besos.
¡Ah!…

Salvador Pliego

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Te amo, ¿qué más?
Y se encierran en tu boca mis palabras
y una a una al pronunciarlas las disfruto.

Sólo tu rostro permanece.
Aquí, en lo alto, no hay vocablos.
Y no es que esconda el nuevo día
pero hay horizontes en que sólo tú te escuchas.

¿Habrá otro canto que te nombre
y que suave, como un verso,
en un rocío a ti te llame?

Te amo, ¿qué más?
Y me encierro entre las notas de tu boca a escucharte,
donde broten esos labios,
donde canten estos besos.

Y aún vibran las campanas sin sonido.
Se percatan de tus labios y difunden como ecos de extravío.
A lo lejos, sí, a lo lejos, aún se expanden sus sonidos.

Te amo… y no dejo de decirlo.
Alejados, como niños, van los besos de la mano.
Sonrojados quizá, sin mirarse, sin quejarse,
van tocándose cual ciclos de cariño.

Y me preguntan: ¿Qué cantan nuestros besos?
¡No lo sé!… Pero me llevan a tu boca, a tu lengua,
y es ahí donde escucho melodías contagiosas.

Una flauta dulce, un violín en llamas
va sonando hasta morirse, va dejando cauda
como aves de alas grises y transforma los espacios
en raudal de querubines.

Te amo, ¿qué más?
Y eres tú la nota que converge aquí en mi día:
ese canto de besos que no expira;
Profundidad de labios que se tocan
y al callarse emiten sinfonías.

Y el tocar tus labios… ¡No sé!…
Es como amarte y transformarse en brisa.
¿Qué más?…
Si es el besarte en la boca mi alegría.

Salvador Pliego

I
Usted que lleva siempre
mis deseos y arrebatos
y guarda en su talega
lo que miro en sus encantos.

A usted, preciosa dama,
que es parte y que confía
de un día en mi alegría,
y que abraza en la fineza
de unos besos la entereza
de saberse siempre mía.

A usted que lleva puestos
de mi pecho los suspiros,
y en sus ojos los anhelos
de quedarse en mis respiros.

A usted, mi bella dama,
a usted le digo en plena gala:
que aún guardo el más bonito
de mis besos a su alma.

II
Usted que lleva puestas
reflexiones y razones,
usted que sólo escucha
del mundo ilusiones,
le digo que mi causa es justa
en sus clamores.
Le cuento que es en ella
que difundo mis visiones:
la veo a usted vistiendo
del viento mis afanes,
la sueño a usted guardando
del tiempo mis quereres,
le digo que platico de usted
hasta en los mares.

En usted yo reconozco
lo bonito que es la vida
y reconozco que hay razones
que la envuelven en la mía.

Si no lo sabe usted,
cada mañana y cada instante
es un deseo el mirarle,
y a cada rato me sorprenden
sus imágenes al verle.

Usted es parte y todo
de una causa que pregono:
la sentencia de alegría
que en la vida
yo me impongo,
el manifiesto a mis plegarias,
el motivo que devela mi proclama.

A usted la busco como parte de un trabajo
que labora cotidianamente en mis haberes:
que resuelve y que contagia,
que estimula y que alienta,
que refuerza y fortalece.
A usted le digo que es la llama
que me aviva y enardece.

A usted su rostro la dibuja por bonita,
y le digo que no he visto
a nadie más así de linda.
Me refiero a usted como
la luz en flor de mi ventana,
y la acaricio sin tocarla,
tan sólo en la mirada.

De usted, si, de usted,
si no lo sabe,
le digo que hoy depende
esta alegría
que se forja en mi alborada.

III
A usted
que le sorprenden las cosas de la vida
le digo que no ha visto
lo bueno todavía.
Si se acercara un poco,
le digo sentiría
mi pecho en su revuelo.
Y si se acercara toda,
¡qué cielo!,
¡por siempre haría mi vuelo!

IV
De usted presumo sus detalles:
la fineza en su escultura,
el portento de su arte,
lo selecto de su talle.
Y es que aún no encuentro
algún defecto que la marque,
aún no veo un filamento que no cuadre.

Es singular como las plumas en el ave:
En cada parte hay belleza,
y me sorprende que se entregue
dulcemente al sincerarme.

Usted me lleva y sin quererlo de la boca.
Usted me vuela y sin saberlo me trastorna.
Usted me cubre y no queriendo me descubre.
Usted me esconde y cuando quiere me sorprende.
Usted me atrapa y me desprende al besarla.

V
De usted es la belleza
y maravilla sin iguales,
la cauda que deslumbra
cuando agitan esos mares,
las nubes que reflejan
sus luces de corales.

Usted quizá lo sabe
y lo sabe en mi mirada:
¡Qué linda es su pupila!
¡Qué linda es cuando me habla!

Usted provoca tanto
y provoca por su encanto,
me lleva contagiado
y me inventa agitado.

¡Qué linda es su mirada!
¡Qué linda es cuando me habla!
Usted, si no lo sabe,
me enciende y me induce,
me induce a que la mire,
la mire y que la bese.

VI
Usted lo sabe y lo repito,
y le recuerdo que en su cara
mil veces y que a diario lo recito:
la amo a usted,
y la amo como a nadie,
como a nadie más le he dicho.

Salvador Pliego

 

¡Qué ganas de mirar tus ojos!

Me hinco en tu pupila por tocarlos

y el otoño se deshoja por rozarlos

cuando se abren en sus ramas.

 

¡Qué ganas de mirarte toda!

Nacer desde tus manos

a la suavidad del pétalo,

a la frescura de un manzano

que se endulza desde el árbol,

a la hermosura de tu encanto.

Saborear la danza, como el colibrí,

que en su cotidiano aletear

seduce a la flora: le habla,

la corteja y la bendice.

 

¡Qué ganas de besarte toda!

Tener la boca que refresca y ama

y seduce y sólo a mí me llama

porque habla de mi boca.

 

¡Qué ganas de sentirte toda!

Y regalarte un beso cuando oigo

la palabra que me nombra

y me vuelve dócil en tu aroma.

 

¡Amor! Me llamas y trastocas,

me agitas y emocionas,

me vuelves todo y nada

y no encuentro más respuesta que mi boca.

 

¡Qué ganas de tocarte!

¡Qué ganas de palparte!

Vibro y siento los latidos

y no hay respuesta más allá

que mi boca que te toca.

¡Qué ganas de besarte!

¡Qué ganas de besarte toda!

 

Salvador Pliego.

¡Qué lejos hoy tus besos!
¡Qué lejos los recuerdos!
Las lámparas brillaban…
Yo: niño sin corbata.
Tú: niña en crinolina blanca.
Tan sólo de las manos
y el mundo ya volaba.
Oh ciénega callada,
el mundo yo volaba.
Aún tu boca era sagrada.
Tu mano me excitaba,
y el alma de los niños
se iba en algazara.
¡Qué lindos los recuerdos!
Las lámparas brillaban…
Aún guardo en mi jarro
los tréboles de cuatro
y las hojas de amaranto
que brotaron de tus manos.
Aún llevo en el alma
tus ojos y el halago.
¡Qué lejos hoy aquellos!
Entonces era un niño
y las lámparas brillaban…

¡Qué bellas las bellotas
cayendo por el vado!:
racimos que colgaban,
paisajes que sembraban,
los cántaros repletos
de juegos y de encanto,
las blancas azucenas
colgando en las verbenas,
suspiros que vagaban,
caricias que flotaban,
los sueños degustando
encuentros y alcaparras.
Y tan sólo de las manos,
tan sólo te tocaba…
Tu boca era sagrada.
¡Qué lindos los recuerdos
y estar enamorados!
Entonces era un niño
y las lámparas brillaban…

¡Qué bellas las campanas
que en tu falda se meneaban!
Así yo las sentía
al verlas que sonaban.
A mi me coqueteaban,
al alba le besaban.
¡Qué linda ibas de rosa
prendiendo las mañanas!
Entonces era un niño
y sonaban las campanas,
vagaban  por mis ojos
y luego se ocultaban.
Entonces eran bellas,
tan bellas las veredas:
las flores se enfilaban,
las lilas se juntaban,
y volcándose a tu rostro
tu peineta ataviaban.
Entonces era un niño
y las lámparas brillaban…

¡Qué lejos los recuerdos!
¡Qué lejos hoy tus besos!
Entonces era un niño
y las lámparas brillaban…

Salvador Pliego


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Autor de todos los poemas: Salvador Pliego

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