Posted by: Salvador Pliego on: 30/06/2009

Dicen que tienes los ojos más grandes del mar,
que tienen sorpresas, leyendas de sal.
Dicen que cruzan tus ojos un beso inmortal,
un beso impecable, un beso final;
que andar en tu boca es arena a contar.
Traes el polvo, la luz constelar,
la orilla en los dientes,
el ámbar curtido de ostra y pleamar.
Salgo a la tierra, a tu vientre a bucear,
echo mis redes en tu muslo coral,
hinco aleluyas en tu hombro para verle flotar.
Dicen que tienes los iris tan grandes que llenan el mar:
oceánicos siempre, profundos, sublimes;
navegables y etéreos como el sol con su ajuar.
No es que provoquen tus pechos… ¡sólo es el mar!
¡Sólo tus ojos tan grandes de mar!
¡Sal a mirarme con tu alma de sal!
¡Sal a la arena minera del mar!
¡Sal de tus ojos que quiero mirar!
¡Dicen que tienes los ojos más bellos del mar!
Salgo a tu estela, a tu vientre a anclar,
echo mis redes de puerto y andar.
¡Sal al estero sirena de sal!
¡Sal de tus iris que queman mi paz!
¡Dicen que tienes los ojos más lindos nacidos del mar!
- – -
Si alguien desea leer alguno de mis libros
dele clic a la imagen del libro y se abrirá
en formato pdf.
Lo pueden guardar como archivo en sus
computadoras.
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 29/06/2009

Érame tu rostro una tecla, un solo en campo abierto,
a veces melodía…
Éranse tus ojos el galope de los dedos,
las negras o las blancas golpeando las corcheas;
un rodillo en ramos, el golpe del macillo,
un labio ahí pegado buscando los teclados.
El piano toca el verso: aguda sinfonía;
perdido entre tus iris, fugado en cabellera,
una forma se presenta en la tapa de madera.
Suspiran esas cuerdas sus notas preferidas
y van cayendo agudas de un labio desprendidas.
Un vino se recuesta y huele las primicias,
la copa frágil habla,
y un beso tuyo duerme mezclando las delicias.
Hay un pedal que tiembla, hay una pieza suelta.
El piano va y se embriaga perdido en tu pupila
y un músico respira tu beso a la deriva,
El piano se desprende la cola de madera,
el brillo que refleja los dedos con maestría.
Entonces yo lo toco, entonces yo lo mimo,
y agitan estos labios, y soplan estas manos;
se abrazan a sus notas, se arriman a tus ojos;
el cuello es golondrina que baja por la pista,
tu vientre es vuelto danza, tu espalda crispa el alma,
y el beso se refugia en la última agonía
y, ya entre dos sonatas, reviven las caricias.
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 28/06/2009

Que te zurzan, niña, ¡corre!
Clavelinas en la nieve,
girasoles en tus hombros,
tulipanes en los dedos
en racimos de caireles
y un laurel tras tus mejillas
adornada en trementina.
Que te zurzan, niña, ¡sube!
En vestidos de la luna,
en abrigos de mostaza,
en tejidos de una hilaza
parecida a la algazara;
a sembrarte azulgrana
en la cadera de montaña,
en el bies de la alborada
para verte fresca y nívea
como escarcha de argentita.
Que te zurzan, niña, ¡vuela!
Por adentro transparente,
por afuera diamantina,
aderezada en los nogales
cual bellota y serpentina.
Que te zurzan, niña, ¡escapa!
Cual jazmín ya florecida,
refugiada en tul y harina,
por donde bajan hortensias
olorosas, consentidas.
Que te zurzan, niña, ¡ríe!
Para verte en la orquídea
escondida por bonita,
para abrirte entre las flores
de capullo ya tejida.
Que te zurzan, niña, ¡canta!
Donde borden y remienden
con tu voz las jardineras:
una ala de alegría
y la otra en el polen,
de jazmín en mi camisa.
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 26/06/2009

Si un beso palpitante, si un beso penetrante,
voraz y develado cayera en la solana,
millares de campanas,
millares de amalgamas,
millares de fontanas
serían derramadas.
Luceros del mañana, copiosas porcelanas,
retocan las caricias de un beso de tu boca.
¡Oh!… Arráncame la intensa bravura que me aloca,
la honda rinconada que aspira hacia la aurora;
arráncame la altura del cáliz que provoca,
vigía que atenaza tus labios y devoran;
arráncame al extremo de herirte como el fuego:
sentirlo entre los labios,
sudarlo como estero;
devuélveme al silencio, explótame en el agua,
irrítame en tu lengua de ganas de besarla.
¡Oh!… Arráncame el sereno, agótame indiscreto,
recuéstame en tu cuerpo ahogándome en desvelo,
despiértame en tu lienzo buscando mi consuelo.
Que sufra como un beso en minúsculo sigilo
los goces de tu cuello, los lirios de tu pecho,
las dúctiles bonanzas que van sobre tu espalda.
¡Ah!… Arráncame despacio, arráncame en premura,
descúbreme los ojos, encandílame hasta el cielo,
trasmíname en segundos vocales de tu rostro.
Explótame de nuevo, explótame en el agua,
arráncame hasta el alma nublándome en tu boca.
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 23/06/2009

Me permito presentarles esta serie de poemas dedicados
a aquellos hombres que arrancando las entrañas de la tierra
han dejado su vida en los túneles buscando hulla o joyas
que nunca sus dedos mostrarían: los mineros.
Haz clic AQUI
Para leer la serie completa haz clic AQUI (formato pdf).
Nota: A todos los que me regalaron sus ositos les digo
que ya me los comí… No, bromeo. Mi gran abrazo y cariño
para ustedes.
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 22/06/2009

(Recitado por Anna Francisca Rodas Iglesias)
I
En tu ausencia,
aún suceden cosas:
Hay pájaros serpientes devorando colosales piedras.
Árboles de gubia que se talan a sí mismos.
Andrómedas que bajan a la tierra
y escupen fuego de la cornisa de sus alas.
Mil ciempiés de lunas y de agave saturando
resquicios de una historia que fuera de batalla.
Olímpicos diablillos que son como arbustos
picoteando cuanto objeto pasa por sus manos.
Todo pasa,
mientras yo me escondo y mi piel se vuelve colorada.
Estoy, y sin quererlo me desprendo de mi espacio…
A fin de cuentas mis raíces se expanden en el suelo
buscando líquidos vitales.
En tu ausencia,
aún suceden cosas.
¿Lo ves? ¿Lo notas?
Y regresas y todo vuelve a estar en calma.
Entonces me acurruco en tus brazos
a seguir soñando mil batallas.
II
En tu ausencia,
has de notarlo,
aún suceden cosas.
Y el soñarte es vital cuando te ausentas.
El decirte que tus rasgos aún de noche no terminan
y se expanden como luces por mi mente.
Yo lo noto,
has de saberlo,
que me llueven las sonrisas
y cada una se exalta si la miras.
Aún sucede que tu voz me arrima.
¡Yo lo sé!… Y que me aviva.
Y que tus ojos me abren los espacios,
me cierran más miradas,
me nutren de campanas,
me hierven en las manos.
Aún sucede que te llevas mis caricias
y son devueltas de tus brazos más crecidas.
¡Yo lo sé!… ¡Lo he notado!…
Aún suceden cosas cuando digo que te amo.
III
Aún sucede
que detrás de ti
te llevas estos ojos para cultivarlos.
Me pinta tu silueta el iris de avellanas.
Me siembra de montañas las curvas de tus faldas.
Me satura de equinoccios tu forma sin tocarla.
Me llevas por los fresnos cultivando tus meneos.
Aún sucede, tras de ti,
que me llevas de la boca
y no encuentro forma de cerrarla.
IV
Y el amor tiene esa picardía de tu lengua:
fresca, aromática y con fermento de existencia.
Aún suceden cosas,
¿lo sabías?…
que tu lengua a mí me sabe a alegría.
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 20/06/2009

Dícese que el agua cristalina rociaba
con su manto transparente la mañana.
A flor de vista y ataviada con soberbia manta,
Talía extendía sus manos por la orilla
reverdeciendo las riberas
y sembrando los confines de preciosa joyería.
Urania, la celestial y refinada, daba gracia del encanto
y accedía confirmando la alegría.
Sumábase Terpsícore,
amenizando con sus danzas
el frugal destello y cometido.
Igualmente, y otorgando voz divina,
presentábase Calíope
donando su voz de Arcángel
y, a un lado, Polimnia, cediendo la elegancia de sus himnos.
Euterpe, sentada junto al arpa
de la lluvia y de gardenias,
desprendía sonrisas de deleite.
Más abajo, sobre el delta,
vestida de azucena y platina estrella,
decía Melpómene: “Canta:
como la marea en la tierra,
como la ostra luciendo exuberante nácar,
como el ave desplegando arrojo y lejanía”.
Y concedía el canto pulcro y distinguido.
Clío festejaba desde arriba
y el alba la miraba obsesionada y encantada.
Mas, aún faltaba la más piadosa de las musas,
la más pura y dulce de ellas,
la del corazón por centro,
la del alma bendecida y alabada,
la que al amor susurraba un beso al despertarla
y le dejaba el sentimiento que encumbraba la mirada: Erato.
Dicen que al acercarse solamente acarició el canto
y así emergió del viento y del aroma,
del río hecha paloma,
del sonido cual palabra,
y le dio por nombre: “Poesía”.
Virgen del amor, niña linda,
genuina y fresca,
alma de cristal,
ruta y marea,
beso otoñal,
cúspide en brazos:
¿dónde es que naces?
Canto nupcial,
pájaro rojo silbando en manos,
pétalo verde soplando nardos,
niña del río:
¿dónde es que anidas?
Musa divina,
mirada de hoja,
boca de trébol,
niña bonita, niña del lago:
¿dónde te aclamo?
Beso de estero,
roce de Olimpo,
iris abiertos de mundo entero,
niña en lucero:
¿por qué te quiero?
Alba preñada,
pupila en verso,
cejas pobladas de escarcha adentro,
niña crisálida de los romeros:
¿dónde es que has vuelto?
Niña del tiempo,
rima y terceto,
tus labios de oro escribirlos quiero.
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 19/06/2009

Esta es mi bandera
y yo su capitán.
Suban a la borda, pajareros,
suban a escalar.
Pinten bien sus alas, vuelen a la par.
Abran bien los dedos
que en sus puntas van los remos
y la sal se va del mar.
Picos de petreles,
plumas de chingolos,
colas de martines para navegar.
Ruta, ruta, ruta, que en la estela va,
franja de los cielos para ir a surcar.
Muestren sus plumajes, pajareros,
que el cantar se fue a la mar
y la luna con sus niños
a la sal le fue a alumbrar.
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 18/06/2009

Nave expandida en la fibra,
en la puerta insurreccional de las moradas,
mi lágrima de hambre,
mi niñez chiquita;
seguía tus huellas en la boca de cada semillero,
extrayendo el jugo, el gajo de terrón y de cosecha,
el tizón del pobre comunero
o del árbol rutáceo repleto de elíptica floresta.
En cada rama el hilo interminable de la vida
y un olor a cielo permitido por la tierra.
“¡Ven, mi niño!”, escuché decirte
en las teclas del piano y del invierno,
en el polvo acústico que me enseñabas.
Y me arrimaba nuevamente a ti a sacar el jugo
como a un pecho en manantial de besos.
Mi niñez chiquita:
desperté un día sumergido en otros huesos,
en un espacio de plumas y metales,
con una pared de años constelares,
en la cintura inconfundible de la lucha.
Pero más de una vez escuché a tu voz decirme:
“¡Ven, mi niño!”
¡Y yo era niño!
“¡Ven, mi niño!”
¡Y yo era un niño!
Mi niñez chiquita, terrón de azúcar, tierno duraznero,
mi lágrima de sueños:
otra vez, un día, guardo la esperanza
de un beso como niño.
“¡Ven, mi niño!”
¡Y yo jugaba!
“¡Ven, mi niño!”
Duraznero…
“¡Ven, mi niño!”
Y yo en tu seno, en las hojas embistiendo,
acurrucándome cual nuevo jardinero.
“¡Ven, mi niño!”
A tus brazos caracola y de joven nacimiento.
Madre, llamas a tu hijo para darle un beso.
Ahora tus ojos, tus dulces ojos,
sufren en silencio mi hambre y desconsuelo.
“¡Ven, mi niño!”
Salvador Pliego
- – -
Posted by: Salvador Pliego on: 17/06/2009

Me sucedes sin embargo
vos con tu sobrada transparencia
y yo abrochándome las cintas con tus ojos de sonrisa
anudándome a tu espacio
a la diaria travesía.
Me sucedes cuando vos al día
escoges mi camisa
y una manga es tu apapacho o te entretejes en su orilla
adornando con bosquejos una y dos caricias
entonces te presumo de mi cuello en la oficina.
Me sucedes vos en todo
al pisar en la avenida que tropieza con mi vida
por sentir que un te quiero hace grande hoy el día
y se adorna entre las calles con sentires de alegría.
Me sucedes con tus ojos
vos que miras y que miras tan sencilla
y eso hace la jornada pequeñita y más creativa
y te adoro aunque me digan
que son simples tonterías
lo que pasa es que vos eres
algo así como un pedazo rojo
que no deja de bombearme
que late sin pararse
en cada uña
en cada arteria que me riega
cautivándome la entraña
absorbiéndote al mirarte.
Me sucedes sin embargo
vos en todo y en mi vida
porque acopio y recolecto de tu boca algarabías
porque junto a esa lengua
hay un mundo
hay una dicha placentera que camina
hay algo así como un te amo reinventándose en delicias
algo nuevo que no acaba nunca de exhibirse
que está listo y presto a descubrirse
que se toma de la mano
que se gana animando
que se vive disfrutando.
Me sucedes todavía
y me sucedes todo el día
algo en vos que me sorprende
que no agotas esta veta que incuba mi sonrisa
que la llenas y palpitas desde siempre
cual si fuera este ahora
este hoy
y no siendo el primer día
una fecha increíble que la llevo en mancuernillas
un horario de pareja habituado a mi camisa.
Me sucedes y lo sabes
vos lo sabes desde entonces
que no hay cuenta regresiva
me sucedes en la vida
al minuto
a los segundos
en el traspatio y en mi esquina
en la hora que es contigua
vos lo sabes
y eso es todo
me sucedes de alegría
y a vos llevo en la solapa convirtiéndote en mi vida.
Salvador Pliego
- – -
Comentarios: