Posteado por: Salvador Pliego en: 11/11/2009
Un beso talla un beso
y en su tacto delinea las más excelsa de las formas.
Un labio otorga a un labio
la desnudez fragante de una boca
y la convoca a la atracción y la delicia.
Llega en un adorno el sabor que fuga y hacina.
En la dulzura de ese beso una lengua le amortigua
y el labio esconde la premura que la boca le adjudica.
Un beso agolpa un beso invocando una caricia:
descubre lo virtuoso de un fármaco que eriza,
destapa las primicias de los ojos cuando activa.
Un beso es como un labio en otro labio que se arrima.
Las gotas de un elixir exhalan el convite de una lid en agonía.
Un beso forja un beso y le talla en la caricia.
Le responde en el borde de una boca que le inspira.
Le sentencia con el rostro de la más suave pericia.
Un beso atrae a un beso y en él se vivifica.
Agranda sus fronteras, invoca complacencias,
y entonces va y delinque en suntuosas alegrías.
Un beso hilvana un beso y al pecho se lo asigna.
Poseso de dulzura, patrono de la dicha,
como una blanca ofrenda le entorna y enamora.
Un labio talla un labio y en él abre su herida:
un labio conciliado, un labio apresurado,
un beso que le apremia el derecho a ser su boca.
Un labio talla un beso
y en él place su vida.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 10/11/2009
Este blog cobró vida en octubre de 2008 gracias a la iniciativa de una gran amiga, Alicia Rivas (Cherry love). Ella creó y diseñó el formato de estas páginas y las sostuvo durante varios meses. Fue a partir de febrero de 2009 que el autor decidió darle impulso al blog y difundirlo ampliamente entre la comunidad de blogueros, logrando en este corto tiempo un cierto reconocimiento (bueno, hablo de mi madre, de mi perro Ferri, de mi perico que no tiene nombre aún, y el ratón que habita en la despensa… perdón, creo que a ese lo pisé y lo maté por error hace una semana). Bien, entonces hablo de mis tres asiduos lectores que me regañan, me ladran y me dicen groserías (madre, perro, perico)… y todavía extraño al ratón que se comía mi comida y me mordía los dedos de los pies.
En este corto tiempo ha habido una página que ha logrado una maravillosa cantidad de lecturas: Poemas infantiles, rebasando las 4600 a la fecha. Hoy agrego una nueva página a mi blog: Poemas infantiles II. Con la misma devoción de siempre y dedicado a aquellos pequeñines que sin ellos este mundo no sería lo maravilloso que es.
En el transcurso de los días se le irán agregando más poemas. Espero que les guste.
Nota: todavía extraño el ratoncito de la despensa… ayyyyyyy!!!!!!!!!…
Para ir a la página de Poemas infantiles II haz clic AQUÍ
Salvador Pliego
Posteado por: Salvador Pliego en: 09/11/2009

Como la mar, como los ríos, como las poderosas
bataholas del sonido,
como el destello poderoso de la historia,
he mirado el territorio:
su afluente de aves en telúricos caminos,
sus majestuosas trincheras de armadillos y cereales,
la tridimensional belleza de su gesta,
la infinita y oceánica acuarela cubierta de ocelotes
o de águilas imperiales en las nebulosas cuestas de los cielos.
Heme, sobre las más altas cumbres de obsidiana,
sobre las columnas del quetzal hecho de roca,
ente los muros de serpientes o codornices agitadas,
vestido de la mítica sabiduría de los tiempos
y ofertado por sus ruinas,
por los viejos y legendarios soldados de los códices,
por las voces colosales de las crónicas.
Duermo ahora en los volcanes,
sobre sus hirvientes pájaros de nieve,
embestido en sus cimitarras de cenzontles,
en sus lanzas blandas de templos y de cumbres,
en las faldas y escotes que le bañan.
Esta es la patria:
la más ciclópea y nupcial de las abejas,
la más hemisférica de las palomas,
la más frenética de las alondras,
aquella de la pólvora en las plumas
y la de las estrellas en el pan y las semillas,
la que por encima de los pueblos masticó greda y cebada
en la arenosa corteza de sus muelas.
¡Dame la tierra, patria nueva!:
antes de ti,
antes del vuelo,
antes de la aventura,
encima de la humedad y el jornalero,
debajo del carbón y del aullido,
en la reverencia de las plazas y sus ocultas maravillas;
como si yo fuese el más desposeído de tus hijos
y esperase tu canto combativo.
Deja rodar tus eléctricas esquinas
en las férulas del aire y de las viñas,
construyendo, hombro a hombro,
las pirámides hoy día.
Acúdeme, expláyame, invócame, acicálame,
pertúrbame, aplácame mil años,
mil infinitos años, mil tectónicos y geológicos horarios,
mil universales y espaciales tiempos,
a tu tierra,
al esplendor del mundo,
al sacrificio de las manos,
a la labranza más callada de los surcos
sin que llore el grano ni el agua le haga herida.
Y un día, en el vértice de todas las miradas,
alza la voz, tierra bravía,
y en tu garganta de cobre encendido
háblame y dime:
ésta es la patria: la hora del volcán y las palabras.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 07/11/2009
Tú, que castigas y bendices a la tierra
o simplemente abrazas su misericordia
en los aretes prendidos de cartílagos preciosos,
o que invocas cuanto hay de ti
en cada verde enjambre o tálamo agostado,
o que manipulas con dulzura los sabores y cortezas
como si fuesen lianas de pureza y de franqueza
para dedicárselos a cada estación,
o aquella que fabricas en la mirada propia de los cálamos
y de las petunias recostadas,
o de las begonias tropicales,
o de los jacintos acuartelados en macetas,
o de los nísperos arrodillados en la estepa;
Tú, que emerges de mis brazos
figurándote semilla o tan sólo el bulbo
de la madriguera que expande surco, musgo,
arcilla, greda, polen, en cada milímetro del orbe;
que cultivas mi espalda con las yemas vírgenes de las corolas
y te prendes de la luz hasta saciarme
de partículas propias de la bonanza y la fortuna;
¿qué harías tú con tus formas y enramadas?
Yo haría, preciosa jardinera,
la poda a la pasión donde te oliera.
Y en un ramo de flores, todas bellas,
dejaría el corazón prendido a que le vieras.
Hermosa tú, cala brotante y madreselva,
jardinera radiante en la belleza.
Acósame como las noches del verano o primavera.
Y en invierno, deja mi tallo brotar como un retoño
en el aroma silvestre de tu pecho
y podar tus ansias
en la humedad salvaje de mi alma.
Voy a sembrar mis labios en tu tierra
y dejar que la humedad de un beso
en tu boca los florezca.
¡Ah!… Tu lengua insemina mi corazón de paja y hierba.
¡Hermosa tú!… Timbal de amor y huerta.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 30/10/2009
-Era un círculo perfecto, inmune a la diatriba, soluble en la saliva…
-¿Algo así como un ombligo?
-No… Insisto: Era un círculo perfecto, de corte transversal, falaz ante la lumbre, paralelepípedo en la cuerda, fugaz y descortés…
-¿Estaba sucio el ombligo?
-¡Que no! Va de nuevo: Era un círculo de pana con barniz sabor a menta, algodonado entre las vainas, con gustillo a caramelo y cubierto de avellana. Tenía por…
-¡Ajá! Era sensual el ombligo…
-¿Otra vez? Y dale con lo mismo. Reinicio: Era un círculo de viento que en la nube hacía aspaviento, que en el rayo hacía tornados, que soplaba por los lados, que gritaba en el costado…
-¡Uy! Entonces estaba enojado. Pobre ombligo. ¿Habrá sido el mío?
(…)
-E…r…a …. u…n …. c…í…r…c…u..l..o …. d..e ….. a..l..a..m..b..r..e …. q..u.e cogióse entre las ramas el sabor a cacahuate y llevaba de enramaje un ardid de escaparate, con mirada azul granate, que vestía entre…
-¡Ándale! Chulo el ombligo pues. ¿Llevaba arete?
-¡Y dale con el ombligo! ¡Qué fijación la suya!
-Vale, ni que no tuviera usted.
(…)
-Era un círculo de rizos y caireles que portaba bellos aros pues gustaba del aroma que pescaba de la flora y llevaba minifalda, cual…
-ja ja ja ja, afeminadillo el ombligo, ja ja ja ja…
-¡Oh, Dios!…Era… Era… Era un círculo relleno de cajeta y de ciruelas que al membrillo le cantaba y a la avena le rezaba, que colgaba de viñedos con las uvas en las ramas…
-¡Epa! ¿Dónde? Yo no veo nada en mi ombligo. ¿Será porque hoy me bañé?
-EEEEEEEERRRRRAAAAAAAAAAAAAA UN CÍRCULO DOrado de ojal, grana y arropado que cuando se inclinaba de luces se llenaba…
-je je je… ¡Sensualón! Y de seguro era de alguna solterilla por ahí…
-¡Ay , que me ha puesto de nervios! Era un círculo cerrado…
-¡Eh!, ni que fuera señorita…
-¡Total! He terminado y no digo más.
-¡Ah!… Ya lo sabía: ¡Era el ombligo!…
-¡Por Dios!… Dejémoslo en cuadrado. ¿De acuerdo?
-¿Un ombligo cuadrado?…
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 29/10/2009

A veces duele…
Como una daga que con saña se hunde
y carcome en alaridos el alma y la derrama.
Luego la mirada: busca su cruz, su fe… y no les halla.
Es como una losa en el pecho cargada
donde el llanto desgarra en mármol blanco
las horrendas sílabas de angustia ahogadas.
A veces duele… ¡Y cómo duele!…
Hay lágrimas de miedo que atenazan
campanadas tan brutales que trituran sus sonidos
en frontales choques y plañen en profundo desconsuelo.
A veces duele la soledad.
Tal vez los sueños se empotren
como cicatrices frágiles
que lentamente escapan y en memorias sangran,
y los recuerdos son esas lápidas negras
que abren esquelas de tiempo sin cerrarlas.
A veces duele el amor que no halla.
¡Y cómo duele!…
El alma busca su paño y hombro en los resquicios
donde sólo el lagrimal le inspira y gime.
Y aún así, a veces no responde… ¡Y cómo duele!
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 27/10/2009
Hay una poesía en el talante de tus versos:
baja por tu boca e irrumpe espacios
en la sonrisa, día a día,
porque tú adornas el amor e inspiras esas rosas,
porque tú emerges en la bóveda y brillas y alborozas,
porque tú decoras con tus ojos los brotes y los mezclas,
y muestras en tus iris que existen maravillas.
Hay una gota blanca, radiante, cristalina,
que baja en tu mejilla y se desliza,
porque tú enmielas el sabor que hay en tu boca,
porque tú avivas el aroma siendo umbría,
porque tú entintas el pretexto del buen día.
¡Tú adornas con tus ojos tantas cosas
y atizas este mundo de vaivenes!
¡Tú prendes vocación para las rosas
y recubres con barnices que atesoras!
¡Tú atildas la sonrisa de auroras!
¡Tú llueves la alegría y la racionas!
¡Hay una poesía en el talante de tus cejas
que no puede pluma alguna describirla!
¡Tú adornas el amor y tantas cosas!
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 26/10/2009
Abarca tu semblanza la tierra y la domina.
Como una emperatriz que escapa y viene
el sol muestra tus rayos de almagre y bronce,
y entonces se declaran los espacios más remotos.
Bajas entre nubes, te proclamas en la curva
equidistante de los astros,
armas tus ojos en la infinitud de los silencios,
atestiguas los polvos gravitacionales de materias ignoradas.
Pero estás presente y siempre un todo,
como una reina absoluta, como una dama soberana.
¡Oh materia de la nada!
¡Oh vasto abrigo de la noche y los tejidos!
¡Oh navegante deseo del amor
que viaja en las penumbras,
que escapa a la ignota amplitud de todo el universo!
Hoy el amor tiene esos ojos lejanos y vestidos,
profundos e inmensos,
estelares como el cosmos que no deja de expandirse.
Mirarte es ver caer su espacio
y mi corazón se abre ante el anuncio del levante.
¿De dónde surges pájaro del alma?
¿Dónde van y surcan tus dedos invocándome y atrayéndome?
¿Hacia qué ave escapas y desnudas?
¿Desde qué estrella iracunda jalas mi boca y la atoras?
¡Ah, viento, viento… sólo el amor tiene tu vuelo!
Ángel de mi alma, sólo el amor, que en ti hay consuelo.
¡Oh corazón templado!
¡Oh del amor que busca en pleno!
Arranco el astro en que te veo
y en un suspiro, amor, te dejo y velo.
Entonces siento tu cuerpo entero:
amo tu boca en cristal y fuego,
amo tus muslos de cal y acero,
amo tu hombros volátiles, rodantes, de musgo y cedro;
amo tus senos arbóreos, siempre sonriendo;
amo tu espalda bañada en letras, de rocas hecha y amalgamada;
amo tu rostro que es el rostro vuelto un ensueño.
Mi corazón se escurre y dormita un tiempo…
Allá, sereno, en una noche,
palpita un astro cubriendo el cielo.
Y en esa curva de suave espuma
duermo tranquilo, como en tu vientre… a que despierte:
amo tu vientre, emperatriz del orbe,
amo tu vientre… y el mar que prende.
El mar se prende de azul rugiente;
se prende y huye hacia tu vientre,
se escapa y duerme,
se arroja y fluye
como en tu vientre.
Y allá, lejano, sediento y noche,
murmura un astro para tenerte:
mujer hermosa, dama preciosa,
murmura un rayo
a que le encuentre.
Caen los sueños y el astro enciende.
Un beso siente bajo tu vientre,
sólo en tu vientre,
y entonces prende,
dama bonita, dama preciosa,
lo que es tu vientre
de luz sonriente.
Y con él platico… a que fabrique un sólo labio
besando un vientre,
como tu vientre,
así de dulce, así de tenue,
como tu vientre,
dama perpetua,
donde recuesta y el labio siente,
como en tu vientre
besando un vientre.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 22/10/2009
I
Toca un violín su sonata.
La cuerda que toca es la cuerda inmediata
y la toca ya rota sin que vibre su nota.
Donde trepidan los vientos dejó su cantata
con una esperanza para que le sonara.
Del pecho la frota y suena a madera
y se oye que rasga su caja con fuerza.
Le duele la cuerda ya rota y sin tabla,
y no sabe que llora su nota fugada.
Se escucha a lo lejos al silencio que calla,
sus notas quebradas, sus cuerdas tronchadas,
su eco que cubre su oscura morada.
Toca el violín su sonata
y toca la cuerda que viene de su alma,
la que un arco nunca tocara,
la que el alma sólo guardara.
Desde un rezo su dulce madera
vibra en el aire como nunca lo hiciera
y se difunde en sus ojos el nombre
de la nota que la bendijera.
Y al aire se esparce el sonido
por la cuerda rota que ya nunca escuchara.
II
El violín toca su alma
y la mama le llora sin cuerpo y sin alma.
Alguien le pide que le amamantara…
¡Ay! Como duelen las cuerdas que ya nunca sonaran.
¡Quién viera a la mama llorándole al alma!
¡Quién viera al violín sangrándole el alma!
Y el violín tocaba y tocaba con su cuerda para apaciguarla.
III
Tocaba, ¡y tan bonito tocaba!,
con su cuerda guardada en el alma,
con su dulce madera bronceada,
y le tocaba en el pecho para alegrarla.
¡Que sus notas crecían el alma!
¡Que su cuerda en su cuerpo vibraba!
Y ella guardaba el sonido como una mama alegrándole el alma.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 20/10/2009
Toronjil y alcachofas, eucaliptos para sus fojas,
que su hija me quiera un tanto y me busque por agorero.
Tiene las trenzas de hinojo y el cuello como un romero.
Dígale que la quiero de apio a mi consuelo,
si baja al atrio que venga pintada cual buen frutero.
Tomillo y pimiento negro la pizque junto al venero.
Un manojo de epazote al cilantro le vista arete,
tan linda moza y risueña que brilla con ese escote.
Que su hija me quiera un tanto, le ruego,
que su hija me quiera arcano.
Cilantro para la mano, ejotes por buen mundano,
zanahorias llevo en el ramo, le ofrezco aguacate a diario.
¡Dígale que la quiero, dígale que la espero!
Si me sonriera el frutero, de oliva yo la deseo.
Y mientras más ajillo le adorne diría que más le quiero.
Yo vendo guajillo nuevo: si pica es del fontanero;
si endulza, reclámele al verdulero.
Yo traigo guajillo nuevo y un beso de buen cuatrero;
le robe el beso y la mano, le adorne con papa y nabo.
¡Dígale que la quiero, dígale que me esmero!
Yo quiero su talle fresco ponerlo como un florero,
con flores de calabaza cubriéndole su trasero.
¡Qué moza tan linda quiero!
¡Dígale que la espero! ¡Dígale que me esmero!
Por más hierva que se pinte, por más levadura seca,
retoña como la ocra, tiñe como la acedra,
y su boquita le queda en gajos de acelga roja.
Acérquemela, yo le ruego…
Yo vendo el guajillo nuevo,
yo vendo chipotle viejo,
lo traigo con remolacha y el pepinillo es primero.
Dígale que la quiero, dígale que me esmero.
Yo quiero su talle fresco ponerlo como un florero.
¡Qué moza tan linda quiero!
Salvador Pliego
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