Posteado por: Salvador Pliego en: 22/11/2009

Al borde de tus ojos apareces,
su brillo desnuda los contornos que atavían
y reflejan torrentes que musitan.
Tu cara descubre otra cara, otra orilla,
y se acerca en silencio hacia la mía.
Una boca se abre y otra ríe.
Los labios se descubren y el roce se produce.
De improviso todo emerge y se registra:
un dedo que recorre el linde de tu boca,
una mueca que exhibe alegría,
una pupila que enciende otra pupila,
mi mano que recorre tu mejilla.
Hay un labio entonces absorbiendo
una lengua en otra lengua desvestida,
y el aroma del tiempo resucita.
Muevo mi lengua a plenitud;
adentro, en tus entornos.
Le asigno un sabor a cada arista.
Le adjudico una dimensión ya sin linderos.
La expando en la más hermosa creación
nunca antes vista.
Y te vuelves la fragancia concebida.
Delinco en tu lengua y me involucro en ella,
la seduzco por debajo y por arriba,
la hago el suave jugo que domina
y que tiembla cuando es cautivada y vibra.
La incorporo a mi lengua y paladeo para intuirla.
La amaso mientras ambas se platican
y murmuran que han sentido maravillas.
La sumerjo en una flor a darle vida
y, al final, con ese aliento,
una y otra se descubren compañeras tocándose las puntas.
Y un dedo mío, suavemente,
en el linde de tu boca
lentamente se persigna… y te acaricia.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 20/11/2009
A veces tendría ganas de extrañarte,
palpitarte en otro tiempo,
en otra cama,
hacerte nada y luego escarcha,
alquilar un palomar
a que buscara tu existencia,
inquirir por ti hasta en tu ausencia
-y digo ausencia porque nada se parece a ti
más que tú misma-,
dejar un sobre y letras convocando
a todo aquello que tocaste
o dejaste con señales de presencia.
Suelo así dormitar y evidenciarme,
pero luego me sorprendes al decirme: ¡besa!
Redescubro una vez más
esa delicia incontrolable
-y es que nadie o nada
se parece a ti misma,
ni siquiera esa parte tuya
que motiva y endulza mi saliva-,
digo entonces, que descubro en ti
razones ya extintas
que reviven en las mágicas caricias,
que involucran toda perspectiva
y se concretan en místicas sonrisas.
Asumo que no hay parecido
o algo que duplique lo que en ti es sorprendente,
y es que todo en ti es de mi agrado,
es un deleite cual me dieran un regalo
y ya supiera que se esconde en tu espalda
o tu boca, o fuera ese lunar que siempre me trastoca.
Luego insisto, que no hay nada o nadie
semejante a ti más que tú misma,
y eso te hace singular como ninguna.
Eres típica hasta en la forma que me tocas,
pues te vuelves sorpresiva y me alborotas.
Basta entonces mi mirada
y emerges dúctil en el roce y en mis palmas.
Adjudicas lo que es de ambos en tus manos
y obsequias tus portentos a las mías.
Y es que nadie tiene maravillas parecidas a ti misma,
porque no hay nada o nadie que asemeje tus primicias.
Será por eso que me gusta patentarte como mía
y guardo un poco de recelo por si alguien te duplica.
Me basta ese despertar de pájaros
cuando te escucho: ¡besa!
Y me vuelco a devorarte entera.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 19/11/2009
(Se lo dedico a todos los amigos de este espacio
que tiempo a tiempo leen mis versos pues ustedes
se vuelven indispensables en este diario escribir.)
Llegarás tú, mi amigo, mi amiga,
de la distancia o del pasado,
con una cantidad inagotable de carmines
y una efervescencia indiscutible de claveles.
Y desde mis brazos abiertos de colmenas
y lámparas usadas, diré:
¡Entra, ésta es tu casa!
Y nos veremos las caras
como cuando de niños comenzamos la palabra:
no había otra manera
sino el corazón a enunciarla.
Era lo preciso.
Lo demás, mis ojos en tus ojos
y empezar a deletrearla.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 17/11/2009

Rosa azul, mágica y secreta,
tus manos alimentan
la dorada sílice y sed de cardos
que mis ansias necesitan.
La pura miel que brota en ti
desvive como un sorgo en mis cosechas.
Rosa azul del olor sujeto a la delicia,
a la primigenia esmeralda
y al candor de tu íntima cantera:
en ti revivo mi errante cruzada,
la travesía fulgurante y profunda
de las noches y los días,
la copiosa verbena que apetece
y se enreda en mis adentros con certeza.
En ti mi canto fluye y desemboca.
Yo soy el ávido de ti, el inquieto pajarero
que irriga y te devora,
aquel que en las soñolientas tardes se posa
y canta en la orilla de tu espora.
Rosa azul, desde el azúcar y mi boca,
en el amor que aflora y me persigue
en túnica de nieve y de carbón y bosque,
en mi cintura de maíz,
a ti cultivo y beso
en un recóndito resquicio
donde late el más dulce e infinito desvarío.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 16/11/2009
Bajo el azul de unos ojos, bronceados y esbeltos,
que en pencas selectas esculpen lindeza,
- en el ixtle y ayate sus formas de azahares-,
nacen los iris de los manantiales.
En los tilmas sencillos donde cultivan con magia
copales y amores para revestirlos en manta,
se incuban los ojos más lindos que abrieran las flores.
Donde se atan y bordan de encajes
aquellos collares de palma y chaquira,
y se tejen en sedas primarias tus cejas,
abajo de ellas el maché simboliza
el pectoral de una imagen fraguada en estrellas.
Y caen tus ojos certeros y en velas,
y caen tus iris cuan lindas lumbreras;
ambulan despiertos a oscuras y a tientas,
se mira que atraen de arriba acuarelas.
Refractan pupilas del mundo sus vueltas,
tus lindas pupilas que son dos estrellas.
Y caen de nuevo prendiendo las ceras,
caen tus ojos para ya encenderlas,
las velas que soplan como nuevas estrellas.
Tus ojos no miran. Se cierran… ¡No miran!
En ellos disculpan dos luces su dicha;
en ellos calcinan los besos sus vidas,
y asombran y emulan, y de nuevo encandilan.
Y caen tus ojos certeros cual velas.
Les miro pintados de pan y salmuera,
y a veces esconden solana y riveras:
tus ojos que miran como lindas candelas.
Y caen tus ojos de nuevo a encenderlas,
pupilas castañas: profundas y bellas;
como oceánicas aguas que siempre destellan,
como inmensas praderas de púrpuras siegas,
encendidas para que les viera,
erizadas porque les quisiera:
tus ojos en velas,
tus iris que ostentan el fragor de la estrella.
Y caen del cielo ardidas y bellas,
enormes pupilas de harina y almendras,
gigantes argollas de arcilla naviera,
sublimes espigas del sur que viniera.
Pupilas en velas, pupilas tan bellas:
los ojos que viera
de lindas candelas.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 12/11/2009
Primero tus manos y adivino
la delirante superficie a que conduce
y el esbelto deleite que arremete.
Primero tus ojos y atraigo
la frecuencia reflejada que no acaba.
Recorro en ellos espirales, náufragos jadeantes,
arcos sublimes y mutantes.
Primero tus labios envolventes.
Eres otro sol, otra distancia,
otra claridad no encapsulada,
otro nombre sometiéndome a tu nombre.
Primero tus besos… Y entenderás por qué
me lleno de ti y de temblores,
de promesas y rubores,
de latidos y sabores.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 11/11/2009
Un beso talla un beso
y en su tacto delinea las más excelsa de las formas.
Un labio otorga a un labio
la desnudez fragante de una boca
y la convoca a la atracción y la delicia.
Llega en un adorno el sabor que fuga y hacina.
En la dulzura de ese beso una lengua le amortigua
y el labio esconde la premura que la boca le adjudica.
Un beso agolpa un beso invocando una caricia:
descubre lo virtuoso de un fármaco que eriza,
destapa las primicias de los ojos cuando activa.
Un beso es como un labio en otro labio que se arrima.
Las gotas de un elixir exhalan el convite de una lid en agonía.
Un beso forja un beso y le talla en la caricia.
Le responde en el borde de una boca que le inspira.
Le sentencia con el rostro de la más suave pericia.
Un beso atrae a un beso y en él se vivifica.
Agranda sus fronteras, invoca complacencias,
y entonces va y delinque en suntuosas alegrías.
Un beso hilvana un beso y al pecho se lo asigna.
Poseso de dulzura, patrono de la dicha,
como una blanca ofrenda le entorna y enamora.
Un labio talla un labio y en él abre su herida:
un labio conciliado, un labio apresurado,
un beso que le apremia el derecho a ser su boca.
Un labio talla un beso
y en él place su vida.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 09/11/2009

Como la mar, como los ríos, como las poderosas
bataholas del sonido,
como el destello poderoso de la historia,
he mirado el territorio:
su afluente de aves en telúricos caminos,
sus majestuosas trincheras de armadillos y cereales,
la tridimensional belleza de su gesta,
la infinita y oceánica acuarela cubierta de ocelotes
o de águilas imperiales en las nebulosas cuestas de los cielos.
Heme, sobre las más altas cumbres de obsidiana,
sobre las columnas del quetzal hecho de roca,
ente los muros de serpientes o codornices agitadas,
vestido de la mítica sabiduría de los tiempos
y ofertado por sus ruinas,
por los viejos y legendarios soldados de los códices,
por las voces colosales de las crónicas.
Duermo ahora en los volcanes,
sobre sus hirvientes pájaros de nieve,
embestido en sus cimitarras de cenzontles,
en sus lanzas blandas de templos y de cumbres,
en las faldas y escotes que le bañan.
Esta es la patria:
la más ciclópea y nupcial de las abejas,
la más hemisférica de las palomas,
la más frenética de las alondras,
aquella de la pólvora en las plumas
y la de las estrellas en el pan y las semillas,
la que por encima de los pueblos masticó greda y cebada
en la arenosa corteza de sus muelas.
¡Dame la tierra, patria nueva!:
antes de ti,
antes del vuelo,
antes de la aventura,
encima de la humedad y el jornalero,
debajo del carbón y del aullido,
en la reverencia de las plazas y sus ocultas maravillas;
como si yo fuese el más desposeído de tus hijos
y esperase tu canto combativo.
Deja rodar tus eléctricas esquinas
en las férulas del aire y de las viñas,
construyendo, hombro a hombro,
las pirámides hoy día.
Acúdeme, expláyame, invócame, acicálame,
pertúrbame, aplácame mil años,
mil infinitos años, mil tectónicos y geológicos horarios,
mil universales y espaciales tiempos,
a tu tierra,
al esplendor del mundo,
al sacrificio de las manos,
a la labranza más callada de los surcos
sin que llore el grano ni el agua le haga herida.
Y un día, en el vértice de todas las miradas,
alza la voz, tierra bravía,
y en tu garganta de cobre encendido
háblame y dime:
ésta es la patria: la hora del volcán y las palabras.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 07/11/2009
Tú, que castigas y bendices a la tierra
o simplemente abrazas su misericordia
en los aretes prendidos de cartílagos preciosos,
o que invocas cuanto hay de ti
en cada verde enjambre o tálamo agostado,
o que manipulas con dulzura los sabores y cortezas
como si fuesen lianas de pureza y de franqueza
para dedicárselos a cada estación,
o aquella que fabricas en la mirada propia de los cálamos
y de las petunias recostadas,
o de las begonias tropicales,
o de los jacintos acuartelados en macetas,
o de los nísperos arrodillados en la estepa;
Tú, que emerges de mis brazos
figurándote semilla o tan sólo el bulbo
de la madriguera que expande surco, musgo,
arcilla, greda, polen, en cada milímetro del orbe;
que cultivas mi espalda con las yemas vírgenes de las corolas
y te prendes de la luz hasta saciarme
de partículas propias de la bonanza y la fortuna;
¿qué harías tú con tus formas y enramadas?
Yo haría, preciosa jardinera,
la poda a la pasión donde te oliera.
Y en un ramo de flores, todas bellas,
dejaría el corazón prendido a que le vieras.
Hermosa tú, cala brotante y madreselva,
jardinera radiante en la belleza.
Acósame como las noches del verano o primavera.
Y en invierno, deja mi tallo brotar como un retoño
en el aroma silvestre de tu pecho
y podar tus ansias
en la humedad salvaje de mi alma.
Voy a sembrar mis labios en tu tierra
y dejar que la humedad de un beso
en tu boca los florezca.
¡Ah!… Tu lengua insemina mi corazón de paja y hierba.
¡Hermosa tú!… Timbal de amor y huerta.
Salvador Pliego
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Posteado por: Salvador Pliego en: 30/10/2009
-Era un círculo perfecto, inmune a la diatriba, soluble en la saliva…
-¿Algo así como un ombligo?
-No… Insisto: Era un círculo perfecto, de corte transversal, falaz ante la lumbre, paralelepípedo en la cuerda, fugaz y descortés…
-¿Estaba sucio el ombligo?
-¡Que no! Va de nuevo: Era un círculo de pana con barniz sabor a menta, algodonado entre las vainas, con gustillo a caramelo y cubierto de avellana. Tenía por…
-¡Ajá! Era sensual el ombligo…
-¿Otra vez? Y dale con lo mismo. Reinicio: Era un círculo de viento que en la nube hacía aspaviento, que en el rayo hacía tornados, que soplaba por los lados, que gritaba en el costado…
-¡Uy! Entonces estaba enojado. Pobre ombligo. ¿Habrá sido el mío?
(…)
-E…r…a …. u…n …. c…í…r…c…u..l..o …. d..e ….. a..l..a..m..b..r..e …. q..u.e cogióse entre las ramas el sabor a cacahuate y llevaba de enramaje un ardid de escaparate, con mirada azul granate, que vestía entre…
-¡Ándale! Chulo el ombligo pues. ¿Llevaba arete?
-¡Y dale con el ombligo! ¡Qué fijación la suya!
-Vale, ni que no tuviera usted.
(…)
-Era un círculo de rizos y caireles que portaba bellos aros pues gustaba del aroma que pescaba de la flora y llevaba minifalda, cual…
-ja ja ja ja, afeminadillo el ombligo, ja ja ja ja…
-¡Oh, Dios!…Era… Era… Era un círculo relleno de cajeta y de ciruelas que al membrillo le cantaba y a la avena le rezaba, que colgaba de viñedos con las uvas en las ramas…
-¡Epa! ¿Dónde? Yo no veo nada en mi ombligo. ¿Será porque hoy me bañé?
-EEEEEEEERRRRRAAAAAAAAAAAAAA UN CÍRCULO DOrado de ojal, grana y arropado que cuando se inclinaba de luces se llenaba…
-je je je… ¡Sensualón! Y de seguro era de alguna solterilla por ahí…
-¡Ay , que me ha puesto de nervios! Era un círculo cerrado…
-¡Eh!, ni que fuera señorita…
-¡Total! He terminado y no digo más.
-¡Ah!… Ya lo sabía: ¡Era el ombligo!…
-¡Por Dios!… Dejémoslo en cuadrado. ¿De acuerdo?
-¿Un ombligo cuadrado?…
Salvador Pliego
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